Odisea por A Mariña

La Voz Y. G. | VIVEIRO

A MARIÑA

Crónica | Las peripecias de viajar en transporte público La protagonista de esta historia decidió ir a Ribadeo. Pilló el tren en Burela y al final no tuvo más remedio, volvió en taxi

15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?urela fue la semana pasada capital por un día de la Bandera Azul, la insignia que ondea cada verano en los arenales más cuidados de Europa y desde hace poco hasta en Sudáfrica. En el foro autonómico que celebró quedó claro su poder de atracción del «turismo de calidad», aquel con mente ecológica y exigente con los servicios. Entre conferencia y conferencia, el aromático café y las dulces pastas propiciaron las confidencias entre los asistentes a la jornada. Una de las alumnas, procedente de la otra cara de Galicia, mirando al Atlántico, relató su odisea para llegar a Burela la víspera, día laborable. En su caso optó por un recorrido desde Pontevedra hasta el corazón de A Mariña, dando un rodeo hasta Ferrol que le llevó tantas horas casi como ir directamente a Madrid. El viaje de tierras ferrolanas a mariñanas en bus fue de lo más entretenido, describía. Muchos lo conocerán. Sin duda, será ideal para el amante de las rutas pausadas pero no lo era para ella, que se quejó de las múltiples curvas y las múltiples paradas. Al fin alcanzó su destino y a media tarde decidió darse un paseo por Ribadeo. En el mapa, dijo, le parecía bastante cerca. La realidad fue otra. Tomó el tren y disfrutó del paisaje costero. Confesó que le encantó. Pero ya en la villa fronteriza con Asturias descubrió que aquel era el último tren del día y que no había ninguno de regreso a Burela. Le quedaba la alternativa del bus. Tampoco quedaba línea para volver. Descartado ya cualquier medio de transporte público, el último recurso que le quedó fue el taxi. «Son 30 euros», le dijo el conductor cuando llegó a Burela. El taxi es, por ejemplo, el único recurso del que disponen muchos mayores de las zonas rurales de A Mariña cuando quieren bajar al pueblo para ir a pasar recetas o comprar. O sea, vida normal. Y como decía ayer una concejala de la comarca, que conoce bien a los estudiantes que necesitan del bus o del tren, este debate sobre el transporte es aquí la pescadilla que se muerde la cola: «O transporte público non se usa porque non hai un servicio axeitado e se non se usa recortan servicios; xente que ven aquí di que en dez anos aquí non cambiou nada».