Hasta el 18 de agosto los jardines Noriega Varela se llenan de joyas, esculturas y prendas hechas a mano La feria se convierte en reclamo para visitantes y mariñanos
12 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Pendientes, figurines de barro y madera, encajes...En dos palabras: Feira de Artesanía, un encuentro entre mariñanos y turistas con aquellos que seleccionan lo mejor de sus talleres para exponerlos en los jardines Noriega Varela. A las seis de la tarde las casetas tienen ante su mostrador montones de curiosos a los que les gustaría comprar de todo, pero con la llegada del euro, más de uno se queda con las ganas. Regina Soler, una madrileña visitaba por primera vez la feria, se paró en un puesto en donde vendían figuras de santos y personajes literaios tallados con la mejor madera, como la de boj, «El precio... es bastante alto, pero justificado; tallar esto a mano cuesta lo suyo» comentaba con el feriante. Típicas palabras «clon» en todas las bocas de los visitantes. Un señor murciano, pero con raíces a mitad gallegas y mitad uruguayas, explicaba los coloridos diarios y utensilios de papel que exponía. Era la primera vez que acudía a la feria y estaba contento por la amabilidad de la gente. Había estado en otras ferias, como la de Pontevedra, Orense, Getxo... Pero, si puede, no se perderá la próxima edición en Viveiro. En realidad, darse un paseo por esta feria también es recorrer la geografía artesana. Asturianos e incluso portugueses se hacen un hueco en ella. Así, Víctor Manuel Silva viaja por la historia gallega y hace que su barro cobre forma de pallozas y antiguas estufas, las conocidas «salamandras» asturianas. Sabe que la ferias de artesanía no le dan a uno el pan de cada día, pero son una ayuda, y más si, como la de Viveiro, el emplazamiento es gratuito. Tampoco faltan los veteranos, los que intentan hacer de la feria una tradición generacional, y si no que se lo pregunten a la señora María, que lleva toda su vida enseñando el secreto de su lino y luciendo las prendas que fabrican sus jóvenes pupilas. Incluso hay quien puede alardear de sus 30 años de feriante. Entrañable.