El equipo de A Mina llega a Tercera por primera vez tras superar la presión de la eliminatoria de ascenso El Sporting Pontenova escaló con la pericia de los grandes la cumbre de la Regional Preferente y llegó a la cima de la Tercera División, una proeza que está reservada a una minoría y de la que el club de A Mina parecía excluido hasta hace poco tiempo. El éxito vino después de un gran sacrificio, no sólo durante toda la temporada sino también en un partido jugado cuarenta minutos con la adversidad de la inferioridad numérica. Pero a la afición local, ansiosa de éxitos deportivos, poco le importó ver un partido de poca calidad si eso era el prólogo para poder ver el ansiado premio del ascenso. Luego vino el éxtasis.
29 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El camino hacia el éxito puede ser muy tortuoso. Así lo comprobaron anteayer los seguidores del Sporting Pontenova, espectadores de un partido con más emoción que calidad, con más temor por las negativas consecuencias de un gol inesperado que entusiasmo por el juego de ataque de unos y otros. A las defensas del Pontenova y del Verín les sobra veteranía para imponer respeto. Luchi y Couso en el bando local y Modesto y Álex en el visitante hicieron todo lo posible, que fue mucho, para que los guartdametas Alberto e Higinio tuviesen una tarde tranquila. Alberto, muy seguro El mayor peligro local se acentuó antes del descanso, con tres córners consecutivos que culminaron con un remate de Alberto García. El Verín tuvo superioridad numérica desde el minuto 7 de la segunda parte, pero no se lanzó abiertamente al ataque hasta el final. En ese momento apareció Alberto: primero estuvo frío y ágil para salvar un mano a mano con Luisito, y luego metió con seguridad los puños en un remate de Piñeiro. Al juego le sobró lucha en el centro del campo y le faltaron paredes y pases en profundidad. Los dos equipos abusaron de balones bombeados, pero pocas veces llegaron a la línea de fondo y centraron con verdadero peligro. Al final, sin embargo, el Pontenova obtuvo premio. Los jugadores, arropados por la afición, evitaron el laberinto de la eliminatoria y alcanzaron el olimpo del ascenso. Al Verín le queda esperar que un ascenso gallego a Segunda B, probable por los resultados logrados hasta ahora, le permita probar la sabrosa tarta preparada con las mieles del éxito.