Carlota Corredera: «Tomando algo deshacemos los nudos que se generan durante el programa»

La viguesa ha prometido llevar a las Cíes a sus compañeros: «Puede ser divertido»

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Las semanas del verano de Carlota Corredera Llauger (Vigo, 44 años) tienen dos caras bien diferenciadas. De lunes a miércoles es presentadora de Sálvame en Madrid, mientras de jueves a domingo se traslada a Vigo para estar con su marido y su hija. «Poder pasar tanto tiempo en casa ha sido un lujo. Afronto el otoño con las pilas cargadas», asegura. La energía que pierde en el programa la recupera en las terrazas del «paseo marítimo», como llaman a una parte de la calle Federico Mompou, donde se encuentran los estudios de Telecinco.

-¿Qué nos cuentas de este sitio?

-Es un lugar al que, en cuanto sale el primer rayo de sol, vamos a tomar algo antes o después del programa. En Mediaset tenemos una cafetería y un comedor, pero, si podemos, preferimos desconectar fuera. Estas no dejan de ser algunas de mis terrazas de verano, pero también es cierto que prefiero estar al lado del mar.

-¿Y qué sueles tomar?

-Soy muy de Coca-Cola Zero. No diría que soy adicta, pero es cierto que me vuelve loca. Y cuando hace calor, un vino blanco. Si puede ser albariño o godello, mejor. No soy nada de cerveza. Si quedas conmigo para tomar una caña, te la tomarás tú, pero yo no.

-La terraza de la foto no tiene nada que ver con una de Vigo...

-¡Nada que ver, nada que ver! Desde luego, no es comparable a la de cualquier chiringuito de una playa de Galicia. Además, en las Rías Baixas ha sido un agosto espectacular en cuanto a clima y a temperatura del agua.

-¿Cuáles son tus rincones gallegos preferidos?

-Tengo tres sitios que me recuerdan a los veranos de mi infancia y que, por lo tanto, son sinónimo de verano: las playas de Samil y O Vao, donde crecimos y aprendimos a nadar los niños de Vigo; la playa de Patos, a la que solía ir los fines de semana; y tengo muchos recuerdos felices de Cangas, sobre todo de la ría de Aldán, que tiene unas playas maravillosas. ¡Ah! Y no me olvido de las Cíes. Antes, cuando no estaban tan de moda, era un ritual de todos los vigueses ir en barco con la comida para pasar el día allí o hacer cámping.

-A ver cuándo te llevas a los colaboradores a Galicia...

-Estuvieron casi todos, pero tengo una asignatura pendiente que además he prometido: llevármelos a todos a las Cíes. Tengo ganas de pasar una semana con todos, puede ser muy divertido.

-Volviendo al «paseo marítimo», ¿en la calle hay los mismos debates que en «Sálvame»?

-Al final siempre acabamos hablando de trabajo, pero desde un punto de vista mucho más relajado, con otro tono. Es verdad que muchos de los nudos que se generan en el plató, las tensiones, se deshacen cuando estamos en una terraza con una copa, una Coca-Cola y unos panchitos delante. Se ve todo de otro color.

-Entonces, también hay vida común más allá de Telecinco...

-Es importante hacer vida con los compañeros fuera del plató. De alguna manera, es muy saludable tomar algo fuera para que la convivencia sea mejor. Aunque la mayoría no somos amigos, llevamos muchos años viviendo unas relaciones personales y profesionales muy intensas, y esa ha acabado siendo una de las claves del éxito del programa.

-En esas conversaciones de terraza, ¿alguno se levantó y se fue de la mesa en la que estabais?

-No he visto a nadie levantarse e irse, pero seguro que ha pasado. Es que somos todos muy intensos, porque, si no lo fuéramos, no tendría gracia. Si tuviéramos todos perfiles ligeritos, el programa no funcionaría igual [ríe].

-Muchos dicen que lo que pasa en «Sálvame» no es verdad...

-No me creo que nadie se pueda plantear que lo que pasa es mentira. Una de las claves de que vayamos a cumplir diez años es que el programa es, por encima de todo, muy de verdad. Gracias a que las personas que trabajan en Sálvame son muy de verdad.

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