As Catedrais florece cuando llega agosto

Tras un julio relajado, ayer ya se habían agotado los pases para visitar la playa hoy y el lunes


A Mariña bulle y As Catedrais eclosionan. El acceso a una de las reconocidas entre las mejores playas de Europa vuelve a registrar colas y en la web de reservas (ascatedrais.xunta.gal) ayer ya era imposible lograr uno de los 4.812 pases gratuitos diarios para hoy ni para el lunes. A las 21.15 horas solo quedaban 66 plazas libres para mañana y 46 para el martes. Tras una Semana Santa intensa y un julio más relajado de visitas que en años anteriores, según distintas fuentes, ayer, antes de que el reloj diera las 10 horas, la playa ribadense estaba a tope. Clientela en los 8 puestos de artesanía y los dos aparcamientos más próximos, completos. Los buses seguían llegando.

Una generosa bajamar no consentía aquella sensación de masificación que nos castigó en otras ocasiones. Iniciamos el recorrido coincidiendo con una visita guiada seguida por medio centenar de personas. Esas rutas son gratuitas, salen cada media hora y duran unos 20 minutos. Tres guías trabajan para la empresa que las presta. Al visitante le aportan información sobre las formaciones geológicas, sobre flora, fauna... y se les recuerda que no se puede arramblar con percebes ni mejillones y que está prohibido acceder a las cuevas cuya entrada está precintada. Entre los que peregrinan a esta catedral del mar, hay de todo. Están los que regañan a otros porque cruzan la cinta que señaliza el acceso a una cueva en la que al fondo se ven desprendimientos, y el que tira de palo selfie para retratarse junto a la gruta en la que en Semana Santa falleció Irene Baladrón, turista vallisoletana de 24 años, tras un desprendimiento de piedras. ¿Cuál fue la cueva del accidente? Es la pregunta que más se escucha a pie de playa. Su acceso está prohibido y señalizado, igual que otras grutas y algunos tramos.

A Rocío Pisonero y a Raúl García, de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) el trágico suceso no les disuadió a la hora de decidir conocer la playa. Sabían de ella por la familia, pero ayer fue su primer día en As Catedrais: «Es una playa muy bonita y, tras saber del accidente, quizás te planteas visitarla con más precaución». «¡Mamá, he entrado por ahí, que hay un caminillo de agua!», le comenta una niña a su padre, que la reprende: «No, allí no se puede entrar». Mientras un grupo se da un chapuzón en el Cantábrico, Marc Amella y Olga Rodríguez, de Barcelona, visitan por segunda vez el monumento natural: «Vemos la playa menos masificada que la última vez. Se visita más a gusto».

Pero la gran atracción siguen siendo sus cuevas y sus sorprendentes arbotantes, los que le han dado fama mundial. Por eso es difícil evitar la tentación de entrar con toda la familia para fotografiarse dentro. Hoy en día son espacios abiertos al público, pero ¿qué pasará dentro de unos meses? Para octubre está previsto el informe definitivo de un grupo de investigadores, y será entonces cuando se adopten unas u otras medidas. El mismo equipo presentó en primavera un estudio preliminar a los responsables de la Consellería de Medio Ambiente, de Costas y del Concello. Con la pelota entre Costas y Xunta, que deberán aclarar sus competencias, lo que sí se constata es que, por norma general, los visitantes acatan la prohibición de caminar sobre los acantilados. Si hace meses aquello parecía una romería, ayer no avistamos a ningún infractor. Las multas oscilan entre 600 y 6.000 euros.

A pie de playa, un agente facultativo medioambiental de la Xunta vela por el cumplimiento de las normas. Que no se ignoren los precintos de las cuevas ni la cartelería que alerta de desprendimientos, hasta en tres idiomas. Su presencia es habitual hora y media antes de la bajamar y entre 1,5 y dos horas después de la misma. El agente afirma que atienden todo tipo de consultas y reconoce que los turistas llegan cada vez más informados a la playa. Sandra Galvis, de la agencia Paisajes, es la guía de 37 visitantes de Valencia, Murcia, Alicante...: «Antes de bajar a la playa les damos mucha información, no queremos riesgos». En bajamar, la vigilancia se completa a diario con 4 socorristas y un técnico sanitario, de 11.30 a 19.30 horas.

La otrora anónima Augas Santas sigue siendo un icono turístico. Ya hace más de una década del descubrimiento que lanzó a este arenal al estrellato.

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