A Illa, ¿la Formentera gallega?

El pequeño concello arousano se ha convertido en el destino de moda

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Punto uno, ningún isleño habla de A Illa. «Iso queda para os do continente», reprueban. Para ellos la genuina denominación de su territorio es A Arousa. Así, sin más. Cuestión de carácter. Ese que han ido forjando siglos de aislamiento hasta que en 1985 un puente de dos kilómetros los unió al resto del mundo. O al revés. Porque a tenor de lo sucedido en estos últimos años la sensación es que es el resto del mundo el que está descubriendo A Illa.

Hasta el punto de convertir a este pequeño territorio de apenas siete kilómetros cuadrados y un censo de 5.000 habitantes en el destino de moda en Galicia. Los que ya hace tiempo que se enamoraron da Arousa hasta el punto de convertirla en su refugio, primero, y en su residencia, después, no se sorprenden del fenómeno. El actor Carlos Blanco es uno de ellos. «Algo así non o podes agachar por moito tempo. A xente ven, ve o que hai e é normal que queira volver», comenta.

Y no es el único. La cantante Uxía, el músico y escritor Manuel Seixas, el dramaturgo Cándido Pazó o el arquitecto Manuel Gallego han sucumbido también al encanto isleño. Ejemplos como estos han propiciado un cierto efecto llamada entre el turismo cool al tiempo que ha favorecido que A Illa cuente con una oferta cultural muy por encima de la de cualquier municipio de su tamaño.

A ello hay que añadir la visibilidad que a A Illa le proporciona el hecho de acoger desde hace tres años la celebración del Atlantic Fest, un festival de música que encaja como anillo al dedo en el target del potencial visitante de la isla arousana.

La pregunta del millón es cómo es posible que un municipio que cuenta tan solo con tres hoteles, que ofertan en total unas cien camas, y dos campings se haya convertido en referente turístico. «De día pode haber moita xente de paso pero de noite non quedan. Por iso a Arousa non está masificada», comenta Manuel Guillán, miembro de la asociación cultural local Komaira.

También es cierto que a estas plazas «oficiales» hay que sumar las casi 200 habitaciones que hoy se ofertan en A Illa a través Airbnb, amén de otra arraigada costumbre local. «Aquí en agosto a xente sempre alquilou a casa e foi dormir ao galpón», delata un vecino.

Hay quien desde el momento mismo de constitución del concello de A Illa tuvo claro que el boom turístico iba a ser una realidad. Julián García fue el primer responsable de Urbanismo de A Illa tras su desanexión de Vilanova en 1997 y por tanto el encargado de elaborar su primer plan urbanístico. «¿Unha illa no corazón da ría de Arousa con máis de 80 praias? Iso era un diamante en bruto. Por iso redactamos un PXOM moi restrictivo que protexe de edificación tres cuartas partes da superficie do municipio e que limita a dúas alturas no resto. E grazas a iso conseguimos salvala».

«Grazas a iso e á protección da nosa señora do Atasco na Ponte», apostilla Carlos Blanco. Y es que el del tráfico rodado es uno de los principales problemas que está generando la abrumadora afluencia turística. Hasta 14.000 vehículos se han llegado a contabilizar en una sola jornada. Prácticamente el triple que habitantes.

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A pesar de ello en A Illa no asoma el conflicto que este año está brotando en algunos destinos turísticos respecto a la presión que ejercen los visitantes en la zona. «Aquí non hai mal rollo. Isto nunca vai a ser Sanxenxo. É outro tipo de turismo», apunta Víctor Karallada, músico y responsable de KSF Studio. Al contrario, hace unas semanas se realizó una convocatoria para limpiar las playas y acudieron 200 personas. Medio centenar de ellas no eran isleños.

Precisamente esa limpieza, un entorno natural absolutamente privilegiado, el sosiego, la posibilidad de encontrar rincones casi vírgenes y de practicar todo tipo de deportes, su particular idiosincrasia y una gastronomía que tiene su despensa en el mar que la rodea son algunos de los grandes atractivos de A Illa.

El concello acaba de poner en marcha una campaña turística bajo el lema «Encuentra un tesoro». En esta ocasión no será necesario disponer de un mapa secreto. Bastará con mirar al centro de la Ría y constatar su destello.

Imprescindibles

Una playa de corte paradisíaco

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Area de Secada. En el vértice norte de la isla se halla este arenal y su duna circundado por un bosque. 400 metros de arena blanca, aguas cristalinas y puestas de sol impresionantes.

El chiringuito más «cool» del verano

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Carpe Diem Camaxe. Ni su decoración ni su cocina responden al prototipo de chiringo playero. Zona chill, conciertos y gastronomía de calidad marcan la diferencia.

El templo de la cocina del mar

Restaurante A Meca. Los pescados y los mariscos autóctonos conforman la base sobre la que se sustenta la propuesta de este clásico de la gastronomía arousana.

El mar entendido desde el ocio

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Piragïlla. Rutas en kayak, travesías en velero, snórkel e incluso un taller de marisqueo están entre las actividades de esta firma de turismo de aventura.

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