Casi 400 jóvenes gallegos se incorporan cada año al campo y mitigan la falta de relevo

En la última década las ayudas para facilitar la entrada de mozos superan los 110 millones

Casi 400 jóvenes gallegos se incorporan cada año al campo y mitigan la falta de relevo Iván Rivas se acaba de incorporar como socio a la explotación ganadera de sus padres

redacción / la voz

El campo gallego está en proceso de rejuvenecimiento, aunque a cámara lenta. Bien sea por vocación o por la falta de oportunidades en otros ámbitos, lo cierto es que el sector agroganadero se ha convertido en el refugio laboral para, al menos, 3.977 jóvenes que se han incorporado a la actividad agraria durante la última década. Es decir, una media de 400 mozos por ejercicio.

Y seguramente hay más, pero estos son los que percibieron la llamada prima de incorporación, una ayuda económica que el año pasado superó los 30.000 euros y que busca, precisamente, fomentar que los jóvenes se establezcan en el entorno rural mediante la creación de su propia empresa, haciéndose cargo de una ya existente o, incluso, como cotitulares de la misma. Son abundantes los casos de jóvenes que a través de distintos modelos asociativos -sociedades civiles y sociedades agrarias de transformación, las SAT, son las más habituales- comparten la titularidad de la granja familiar con sus padres o hermanos, o fundan una nueva explotación cooperativa junto a terceras personas.

El requisito principal que deben cumplir los que busquen incorporarse a esta actividad bajo esta modalidad de ayuda es tener entre 18 y 40 años. Los aspirantes deberán, además, adquirir el compromiso de mantenerse en activo durante al menos cinco años, poner en marcha un plan de empresa y adquirir -en caso de que no la tengan- una formación teórica relacionada con su actividad, con una duración mínima de 250 horas.

«Durante os últimos anos evidénciase un aumento importante do número de persoas que veñen a interesarse pola incorporación á agricultura. Xa non tanto de mozos que toman o relevo de seus pais como doutros que queren integrarse na explotación familiar ou constituír sociedades con outros gandeiros», confirman desde una oficina agraria comarcal del área de Santiago, que este año tramitó más de una veintena de solicitudes.

De hecho, tal y como confirman los datos de la Consellería do Medio Rural, la última convocatoria -terminó a mediados de abril- ha sido, tras la del 2016, la que más peticiones de incorporación han registrado de la última década, con un total de 484. Si se aprueban todas como, al parecer, suele ser lo habitual, los beneficiarios se repartirán un montante total de 21 millones de euros, algo más de 43.000 euros de media por peticionario. Desde el 2008, las inversiones de la Xunta en este ámbito superaron los 114 millones de euros, financiados en parte a través del Fondo Europeo Agrícola de Desenvolvemento Rural (Feader).

Precisamente la Unión Europea establece entre las prioridades que recogerá la Política Agraria Común (PAC) para el período 2021-2027, que se negocia estos meses, la de promover la incorporación de jóvenes al campo. Tanto es así que en la reforma intermedia de esta normativa, el llamado reglamento ómnibus, que entró en vigor a principios de año, ya se recogen medidas como la de duplicar la cuantía de las ayudas que recibirán los jóvenes a partir de este año en lo referente al valor medio de sus derechos de pago básico.

El trabajo de las explotaciones, en manos de más de 125.000 personas

Aunque las cifras oficiales señalan que el sector agroganadero gallego genera casi 75.000 unidades de trabajo anual -un estándar de cálculo por el cual se considera una unidad a toda aquella persona que trabaje en la empresa o por cuenta de ella, siempre y cuando lo haga a tiempo completo y durante todo el año-, las estadísticas apuntan, sin embargo, que la actividad de las granjas depende, en mayor o menor medida, de más de 125.000 personas.

En este sentido, a los más de las 70.000 inscritos como titulares o jefes de explotación en la comunidad hay que añadir el trabajo que desempeñan otros 16.000, en este caso cónyuges de los anteriores; y el de otros 29.300 miembros de sus respectivas familias. Estos, de forma puntual, colaboran en el mantenimiento de la actividad agroganadera.

En cuanto a la mano de obra contratada por las explotaciones gallegas, se contabilizan un total de 12.448 trabajadores, el 60 % de los cuales cuentan con un contrato a tiempo completo.

Hay otros datos menos alentadores. Los de la EPA relativas al segundo trimestre de este año cifran en 64.200 el número de personas ocupadas en la agricultura -el módulo también incluye la pesca- en Galicia, lo que supone un descenso de más del 12 % con respecto a hace un año.

Seis de cada diez granjas siguen teniendo al frente a un mayor de 60

A pesar de las buenas cifras que registra la llegada de jóvenes al campo, lo cierto es que el sector todavía presenta un preocupante grado de envejecimiento. Seis de cada diez agricultores o ganaderos gallegos tienen 60 años o más. Según se extrae de la encuesta sobre la estructura de las explotaciones agrarias, elaborada por el INE, un total de 15.505 de los 72.566 negocios existentes tienen como titular a alguien de entre 60 y 65 años, y otros 29.456 a una persona que ya ha superado la teórica edad de jubilación. Los datos del INE apuntan, además, que otros 9.000 agricultores alcanzarán la sesentena durante la próxima década. Bien es cierto que en buena parte de estos casos se trata de explotaciones escasamente dimensionadas (37.000 explotaciones tienen menos de 5 hectáreas de superficie o de diez vacas), y más orientadas al autoconsumo que a conseguir un rendimiento económico.

«Estou aquí porque me gusta isto, eu son un gandeiro de vocación»

x. m. palacios

Iván Río es un vecino de la parroquia de Narla, en Friol (Lugo), para quien el campo no tiene secretos. Conoce el trabajo en el sector desde pequeño, ya que sus padres son ganaderos. Trabajó en la explotación, tuvo otros empleos fuera de ese ámbito y finalmente, a sus 28 años, acaba de volver a sus orígenes. Desde hace unos pocos meses, es socio con sus padres de la explotación familiar, llamada Casa Gabino. Esta explotación ganadera tiene 132 cabezas de ganado, de las que la mitad están en producción lechera.

Río no esconde que detrás del trabajo en la granja hay un gran sacrificio, que no está solo en cuidar de los animales. «É complicado. Hai moitas cousas que atender. Non é un traballo no que fas as cousas e xa está: hai moito papelame, hai que atender os animais e as leiras...».

Pero es igual de franco cuando añade que, al final, todo ello merece la pena: «Se che gusta, creo que paga moito a pena. Penso que se a xente traballa no que lle gusta, sempre estará máis contenta». «A min -añade- gústame o contacto cos animais, vivir na aldea... Eu son socio e empregado ao mesmo tempo. Aquí imos alternando, e ás veces colles un día: hoxe, organizándote, podes librar algunha vez».

A sus 28 años ha visto ya más de una crisis en el sector agroganadero gallego, pero no se aventura a decir si este, el momento que él ha elegido para asentarse en la granja, es peor que otros. «Se houbo momentos peores? Iso pódeo dicir mellor xente de máis idade, eu teño vivido algunha época na que se estaba peor; tampouco se pode dicir que esta sexa unha marabilla».

«Eu estou aquí porque me gusta, son un gandeiro con vocación. Gústame isto dende pequeno, aínda que meus pais dicíanme que estudase», explica cuando se le pregunta si tiene la sensación de que los jóvenes gallegos se han sacudido complejos para volver al campo. Y con la misma naturalidad es directo cuando se pregunta si en algún momento se ha arrepentido de esa decisión de volver a casa y asentarse en la granja. «Non me arrepinto. Crieime aquí; dende pequeno xa sabía o que había; e agora afróntoo como socio. Se tivese fillos, gustaríame que se incorporasen; pero terán que facer o que eles prefiran».

«Este é un traballo coma outros; ten cousas gratificantes»

X. M. PALACIOS V

Isaac Rodríguez es uno de los vecinos de Santa Locaia, en Castro de Rei (Lugo). Comenzó hace poco a trabajar en la SAT Reigada, situada en esa misma parroquia de A Terra Chá. Tiene 24 años y estudió varios ciclos en institutos de Vilalba y de Lugo (administración y finanzas en la capital chairega, asistencia en dirección en la ciudad amurallada). También hizo prácticas en empresas y pasó, antes de este, por otros trabajos.

La explotación en la que está empleado actualmente tiene casi 400 vacas, y la mitad están en producción lechera. Rodríguez comenzó a trabajar en la granja por casualidad: «Un día preguntáronme se me animaba a vir aquí. E por probar...».

A pesar de que Rodríguez no cree que su trabajo sea un empleo excepcional, sí reconoce que tiene momentos gratificantes. «O que máis satisfacción me produce é a recría. Atendes un parto, comeza a recría, e o animal vai medrando ata que chega o seu parto; e ese animal que está parindo xa o recolliches ti cando naceu».

El trabajo en el campo es una actividad dura que repercute a gran escala en varios sectores. En algunas ocasiones este empleo no ha sido valorado socialmente en comparación con otros. Sin embargo ya ha pasado tiempo, y según la opinión de Rodríguez, «o traballo no campo cada vez está máis recoñecido, xa anda por aí con outras profesións».

«Este é un traballo coma calquera outro. Tendo actitude, todos os traballos se van levando. Sempre vai haber que traballar, e máis nestes tempos, que se están poñendo malos. Non hai traballadores malos; hainos con actitude ou sen actitude», apunta este joven. En relación con el futuro, no se imagina llevando él mismo su propia explotación, ya que supone mucho trabajo y esfuerzo y ata mucho. «Realmente é complicado. Tes que atender moitos problemas... Quizais é mellor estar de traballador».

«É necesario que tomemos conciencia da importancia do rural»

X. R. Alvite

Lleva tres años compartiendo con sus padres la titularidad de una explotación láctea en el núcleo mazaricano de Gosolfre, una decisión muy meditada en su momento, pero de la que dice no arrepentirse en absoluto. «Traballo no que me gusta e no negocio da miña familia. Considero que son unha privilexiada por poder facelo, aínda que recoñezo que a actual situación non anima moito a incorporarse ao campo, polo menos na gandería de leite», comenta, en alusión a la baja rentabilidad que durante los últimos años viene registrando la producción láctea.

«Para que isto teña futuro, ten que ser rendible. A xente ten que percibir que se pode vivir disto, do contrario intentarán buscar outra saída laboral e a verdade é que os últimos anos están resultando especialmente duros, cuns prezos en orixe que dificilmente cobren os custos de produción», explica, al tiempo que pide un mayor apoyo de las administraciones que permita mejorar la situación de las ocho mil granjas lácteas existentes actualmente en Galicia. «Penso que se aquí, co enorme potencial que temos, houbese un maior apoio e implicación por parte das administracións como teñen en países como Francia, a nosa situación sería moitísimo mellor e cada vez máis mozos pensarían en dedicarse a isto».

A sus 24 años, Lorena no duda en que su futuro laboral estará vinculado al sector ganadero, «porque me gusta o que fago, e gústame vivir aquí», aunque tampoco esconde su preocupación por el despoblamiento que están sufriendo muchos núcleos rurales: «Por cada mozo que queda, marchan tres. En moitas aldeas xa case hai máis vivendas baleiras ca ocupadas». En este sentido, no duda en pedir una mayor implicación de todos los sectores. «É necesario que tomemos conciencia da importancia do rural, dende un punto de vista social, económico e tamén ambiental. A vida nas aldeas é garantía de conservación do contorno, algo que só se valora cando non se ten», sentencia.

«A modernización da gandaría láctea nestes anos foi incrible»

X. R. ALVITE

Se incorporó el año pasado a la granja que su familia posee en el lugar de Vioxo y en la que, diariamente, ordeñan alrededor de un centenar de vacas. Una actividad que, según reconoce este ganadero de 20 años de edad, ha cambiado mucho en los últimos años y en la que los jóvenes tienen mucho que decir.

«O nivel de modernización que experimentou a gandaría láctea nos últimos anos foi incrible. A día de hoxe, unha explotación deste tipo require dunha importante cualificación profesional, probablemente maior que a que se necesita para outros moitos traballos. Neste sentido, a incorporación de mozos dálle, ao meu entender, maior dinamismo ás granxas e axuda neste proceso de innovación continua e de optimización dos recursos, no que se moven a maioría das explotacións con certa vocación de continuidade», comenta.

En lo referente a las ayudas e iniciativas que buscan fomentar la incorporación de jóvenes, las valora muy positivamente aunque dice echar de menos otros servicios tanto o más importantes. «É certo que a prima de incorporación é unha axuda importante para os que empezamos, pero tan importante ou máis é que no rural teñamos servizos que nos permitan levar a cabo a nosa actividade e a nosa vida de xeito normal», explica Raúl Bouzas, que recuerda los problemas que algunos núcleos siguen teniendo en lo referente a servicios básicos como la energía eléctrica o el acceso a Internet.

«Por non falar doutros como a educación ou a sanidade, que nas zonas rurais presentan moitas carencias e que resultan imprescindibles á hora de intentar fixar poboación no rural. Temos dereito a ter os mesmos servizos que os que viven en vilas ou cidade maiores. Se non se traballa nisto, o campo quedará pouco a pouco baleiro», asegura.

Bouzas se siente orgulloso de su empleo. «A responsabilidade é maior, pero ter a túa empresa é algo fantástico. Poder traballar no negocio familiar é un luxo».

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