El lulismo se convierte en consenso

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

03 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La incógnita de las elecciones de hoy en Brasil no es quién se aupará a la presidencia. Pocos dudan de que será Dilma Rousseff. En realidad, se trata de un relevo suave que nunca ha estado en peligro. El intento del socialdemócrata Serra de presentarse como más lulista que la candidata de Lula estaba destinado lógicamente al fracaso. Lo único reseñable es que, del mismo modo que Lula ha girado hacia el centroderecha a lo largo de sus mandatos, también ha forzado a la derecha a girar hacia el centroizquierda, muy lejos de las posiciones más conservadoras que mantenía hace cuatro años, por ejemplo con Geraldo Alckmin.

El verdadero interrogante no está ahí sino en el Parlamento, que también se elige hoy, y que ha sido siempre el talón de Aquiles de Lula. Su Partido de los Trabajadores (PT) no cuenta en realidad más que con un 15% de los votos en una Cámara muy atomizada en la que el centroderecha y la derecha suman más del 50% de los apoyos. Consciente de esto, Lula tomó en su momento una decisión más polémica que la designación de la relativamente inexperta Rousseff: la de coaligarse para estos comicios con el centrista PMDB (Partido Movimiento Democrático de Brasil).

El PT de Lula, cuidadosamente modelado en los años noventa por él y por José Dirceu para convertirlo en una maquinaria para ganar elecciones, se ha vuelto un instrumento romo desde que en el 2005 quedó dañado por los casos de corrupción. Si el proyecto de Lula sobrevivió entonces fue gracias a que logró apoyarse en el PMDB, que ahora se ha vuelto indispensable para poder seguir en el poder. Por eso Lula ha colocado como candidata a Dilma Rousseff, prácticamente una independiente lulista con poco arraigo en el PT. Está claro que no es la candidata del PT sino de Lula. Junto a ella va como vicepresidente Michel Temer, el líder del PMDB.

Puesto que todo indica que el PMDB podría ampliar todavía más su poder en el Parlamento, Rousseff va a ser fuertemente dependiente de Temer, mucho más de lo que lo fue Lula y sin su prestigio ni su capacidad de maniobra. Son muchos los que creen que el propio Lula intentará gobernar en la sombra a través de Rousseff hasta las próximas elecciones. Muchos otros sospechan, en cambio, que lo que se irá viendo es la disolución serena e indolora del lulismo en una especie de consenso brasileño asumido por el centro y la derecha de Brasil.