Las reacciones ante el discurso sobre el estado de la Unión pronunciado por el presidente podrían calificarse de cautelosas. Tanto los ciudadanos de a pie como los políticos parecen haberse sorprendido con el nuevo tono de su presidente. Más duro que en ocasiones anteriores. Y unidas la sorpresa y el nuevo tono parece que han llevado a los estadounidenses a esperar a ver qué hace a partir de ahora Obama antes de opinar sobre lo que dijo la noche del miércoles.
Aunque sí ha habido algunas reacciones concretas e inmediatas, tanto a favor como en contra. Ya durante el discurso pudo verse al juez del Supremo, Samuel Alito, conservador nombrado por George W. Bush y sentado justo delante de Obama, como susurraba «simplemente, no es cierto», cuando el presidente criticó al tribunal al que pertenece el juez por eliminar los límites a la aportación económica de las empresas a las campañas políticas.
O los líderes de asociaciones hispanas que mostraron su desilusión por la brevísima alusión que Obama hizo a la reforma migratoria. Los que sí mostraban su alegría en la mañana de ayer eran los grupos defensores de los derechos de los gais. Estos celebraban el anuncio, durante el discurso, de la intención de derogar la ley que impide a los homosexuales declarados pertenecer al Ejército estadounidense.
También China ha mostrado cierto enfado por la alusión de Obama a que es «una amenaza económica». «No creo que esa afirmación se sostenga con argumentos», afirmó un portavoz del Gobierno de Pekín.
Ochenta interrupciones
Por lo que se refiere a los políticos, como era de suponer, recibieron el discurso con división de opiniones. Obama fue interrumpido por los aplausos de los legisladores más de 80 veces. Pero los que aplaudieron casi siempre fueron los compañeros de partido del presidente, aunque no siempre. Cuando dijo que tenía la intención de reducir los impuestos, los aplausos fueron unánimes. Incluso Obama lo comentó: «Ya supuse que esto recibiría sus aplausos», dijo el presidente.
La crítica republicana al discurso de la Unión se centró, como había ocurrido con este, en aspectos económicos.