Alemania y España estudian darse un plazo de cinco años para poner fin a la operación de la ISAF
24 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los países de la OTAN decidieron ayer acelerar el paso para comenzar cuanto antes una nueva fase de transición en Afganistán, basada en la autosuficiencia de las fuerzas afganas para controlar el terrorismo y la insurgencia. Aunque nadie quiso denominarla estrategia de salida, algunos países como Alemania y España han considerado razonable darse un plazo de unos cinco años para poner punto y final a la operación. En donde no hubo acuerdo es en el envío de más soldados al país asiático.
Los ministros reunidos en el consejo informal de Bratislava dieron un amplio apoyo a la estrategia que les presentó el comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), el general estadounidense Stanley McChrystal. Dicho plan, que paralelamente se estudia en EE.?UU., está centrado en coordinar el esfuerzo militar, reducir las bajas civiles en ataques aéreos y formar mejor al Ejército y a la policía afganos. Además, el general recomienda sumar 40.000 soldados internacionales a los 100.000 sobre el terreno, pero ayer no tocaba esa discusión, según el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.
Todos están a la espera de la decisión de Barack Obama, cuyo equipo de seguridad está dividido sobre la conveniencia de mandar más tropas, ya que algunos miembros del Gabinete se declaran partidarios de poner el énfasis en operaciones antiterroristas contra los refugios de la red de Al Qaida en Pakistán.
Ayer, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, insistió en que la reducción de soldados americanos -unos 70.000 en la actualidad- no es una opción. Además, aseguró que varios países aliados le han mostrado su disposición a elevar su colaboración civil o militar en el futuro.
Cuando en octubre del 2003 la ISAF empezó a luchar contra la insurgencia en Afganistán dividió en cinco fases su misión: despliegue, expansión en etapas por todo el país desde Kabul, estabilización, transición y salida. Lo que aprobaron ayer los ministros -«formalmente», aunque se trataba de un consejo informal- es empezar a planear cómo saltar de la fase tres a la cuatro, a pesar de que los ataques de la insurgencia han ido aumentando en los últimos dos años.
La ministra Carme Chacón apoyó pasar cuanto antes de la fase de estabilización a la de transición. «El objetivo está muy claro: acelerar el proceso de afganización para que los afganos cuanto antes puedan tomar las riendas» con «hitos claros temporales», dijo.
Antes de pasar a la llamada transición debe formarse suficientemente a la policía y a las fuerzas de seguridad afganas, algo que no sale gratis ni en términos económicos ni de personal, según advirtió Rasmussen. «Sé que algunos se pueden sentir frustrados porque la OTAN les pida más recursos, pero cuesta cincuenta veces más un soldado europeo en Afganistán que uno afgano, así que es una inversión lógica, tanto desde un punto de vista financiero como político».
Además, el danés subrayó la importancia de contar con un Gobierno afgano fiable, legítimo y menos corrupto. La Alianza está pendiente de la segunda vuelta de las presidenciales del 7 de noviembre, que se van a celebrar tras invalidarse los votos fraudulentos de la primera, el 20 de agosto.
El fraude, inevitable
Durante el consejo, el enviado especial de la ONU en Afganistán, Kai Eide, admitió ayer en los márgenes del Consejo de la OTAN que no podrán eliminarse completamente los casos de fraude en esta segunda vuelta.
Además, opinó que a corto plazo harán falta más tropas internacionales en Afganistán y que algunos países empiecen a colaborar en serio con el resto de los aliados sobre el terreno.
Precisamente, la seguridad durante las elecciones ha propiciado un aumento temporal del número de tropas internacionales en Afganistán, que en la actualidad rondan los 100.000 soldados, de ellos 71.400 en la ISAF y el resto en la operación estadounidense Libertad Duradera.