Con su discurso de ayer, Obama pretendía llegar al estadounidense medio. Y es que en materia de seguridad, el apoyo que tiene no es tan manifiesto como en otras cuestiones. Una encuesta de abril reflejaba que solo el 44% están de acuerdo con la decisión de cerrar Guantánamo, frente a un 48% que se oponen.
Consciente de ello, prácticamente a la misma hora en que hablaba Obama lo hacía también el número dos con George W. Bush, Dick Cheney. En su intervención volvió a justificar las torturas y a acusar a Obama de poner en peligro la seguridad de EE.?UU. Cheney defendió las técnicas de interrogatorio utilizadas durante el mandato de Bush y dijo que calificarlas como torturas es ofender a los que salvaron vidas estadounidenses. El trabajo de los funcionarios que utilizaron esas técnicas, dijo, «impidió la muerte violenta de miles o quizá cientos de miles de personas inocentes».
Azote del Gobierno
El ex vicepresidente se ha convertido en el azote del Gobierno de Obama. En los últimos días ha aparecido en multitud de entrevistas para defender las acciones del Ejecutivo del que formó parte y reprochar las decisiones del actual presidente. La situación fue descrita por The New York Times como «duelo de discursos».
Cheney comenzó explicando que no hablaba en nombre del ex presidente George W. Bush, que, en contra de lo que está haciendo el que fue su vicepresidente, no ha hecho ninguna declaración pública sobre la política de Obama. También felicitó al presidente por las decisiones para reforzar la guerra en Afganistán y no hacer públicas fotografías que muestran abusos cometidos por parte de soldados estadounidenses a detenidos en Afganistán e Irak. Pero fue muy duro cuando analizó el resto de medidas de Obama, como la de cerrar la prisión de Guantánamo o prohibir las torturas.
Cheney dijo que volvería a tomar las decisiones que tomó si las circunstancias fueran las mismas. Y acabó abruptamente su discurso sin aceptar preguntas.