El desalojo por la fuerza de una casa de colonos desata una batalla campal en Hebrón

La Voz

INTERNACIONAL

Israel ha desalojado la denominada Casa de la Discordia, donde se atrincheraban un centenar de personas. Los choques entre policía y colonos causan 20 heridos.

05 dic 2008 . Actualizado a las 13:15 h.

Hebrón. «El Gobierno acaba de arrojar una cerilla sobre una montaña de pólvora». Apocalíptico, enfurecido, el líder del movimiento colono del barrio hebronita de Yesha, Danny Dayan, proclamaba hoy amenazas y juramentos de resistencia mientras, a su alrededor, un imponente despliegue militar y de la violenta Policía de Frontera israelí trataba de contener porra en mano a una multitud de jóvenes judíos, rabiosos de impotencia.

Los gases lacrimógenos y el continuo rugido de las bombas de estruendo convertían en el escenario del fin del mundo el entorno de la llamada «Casa de la Paz», un edificio de cuatro plantas y 4.000 metros cuadrados ocupado desde 2007 por doce familias de colonos que, hoy era desalojado por la fuerza en cumplimiento de la disposición emitida por el Tribunal Supremo de Israel el pasado 16 de noviembre. De acuerdo con la sentencia, el contrato en función del cual todos habían entrado a vivir en el inmueble tras haberlo comprado a un palestino por un millón de shekels (200.000 euros) es falso, por lo que se ordenaba su urgente desahucio y la posterior custodia de la casa por militares para que quede vacía.

En un enclave como Hebrón, una ciudad cisjordana en la que la tensión entre sus 170.000 vecinos palestinos y la enorme población colona se mastica en el ambiente, el fallo judicial era sólo una bomba de relojería. Y su explosión, cuestión de tiempo. «Habrá un combate como nunca se ha visto», advirtió en su momento el rabino Uzi Sharbaf, vecino del primer piso de la disputada casa y baluarte de una comunidad judía que prefiere morir antes de renunciar a Hebrón. La tierra donde descansa el patriarca Abraham, que los colonos intentan ocupar centímetro a centímetro, haya que arrebatárselo a los palestinos o a la Ley israelí, movidos siempre por inquebrantables convicciones mesiánicas.

Desde que se emitiera la sentencia, convertida en una fortaleza barricada, donde sus habitantes aseguraban haber almacenado un arsenal digno de una guerra y hordas de jóvenes llegados de todos los rincones de Israel pasaban la noche como refuerzo, se barruntaba una batalla cruenta y difícil. Aunque el factor sorpresa y el abrumador volumen de unidades antidisturbios reunidas en Hebrón, consiguieron que la evacuación propiamente dicha, a tirones y cuerpo a cuerpo, de los atrincherados en el bloque acabara en apenas 20 minutos. Veinte minutos de feroz encontronazo a dentelladas, palos, patadas en las puertas, piedras, huevos y cubos de productos abrasivos lanzados desde las ventanas, como no se veía en Cisjordania desde que en 2005 el Estado evacuó el asentamiento de Amona. Se registraron 25 heridos y 10 detenciones. Pero sólo fue el principio. Aquí y allá, por los barrios palestinos de Hebrón, los colonos desencadenaron seguidamente una ola incontrolada de vandalismo y terror, que al cierre de esta edición dejaba ya 17 palestinos heridos -cinco de ellos de bala-, nueve coches incendiados y numerosos focos de fuego por toda la ciudad, que daban a la noche hebronita el aspecto de un infierno.

«Los ciudadanos de Israel tienen que aceptar la autoridad del Estado, no vamos a permitir elementos extremistas que minen su autoridad y sus fundamentos», justificaba firme hoy desde su despacho el ministro de Defensa, Ehud Barak, mientras la batalla campal se reproducía en lugares como Jericó o Jerusalén Este, donde grupos de colonos enfurecidos provocaron y atacaron a palestinos arrebatados por la ira de Hebrón.

Contra él, como responsable de la orden de desalojo, se dirigían hoy los odios. «Lo ha mandado hoy porque su partido laborista celebraba esta tarde primarias, porque pertenece a un Gobierno corrupto y asesino que está acabado, y porque Barak necesitaba precisamente hoy hacerse el fuerte, llegar a su reunión diciendo que el sí puede con los colonos», explicaba Yaacov, de 60 años, flanqueado por jóvenes con las frentes manchadas de sangre producto de las cargas policiales. Y que asentían satisfechos al escuchar al improvisado portavoz asegurar que «si Hitler no pudo con nosotros, sobreviviremos a este Gobierno»

«El pueblo judío sólo tiene un Estado, éste, los árabes tienen 22», recitaba Liti Saad, llegada hace 30 años de Argentina «siguiendo el recado divino de Dios de poblar todo Israel».

«Escucha, -añadía enfática- quieren deslegitimarnos como gente idealista, a nuestra juventud fabulosa, y quiero decir que todos esos países que apoyan en nuestra tierra de Israel la creación un Estado palestino tienen que saber que será una sucursal de Bin Laden, y que luego Bin Laden llegará a sus ciudades con el mismo terror que hemos visto en la India o en Madrid».