Las negociaciones entre Israel y Siria proceden en un segundo discreto plano mientras se habla también, por primera vez en mucho tiempo, de un intercambio de prisioneros con Hezbolá.
Hasán Nasralá, el líder del Partido de Dios proiraní, ha repetido su intención de liberar a Ehud Goldwasser y Eldad Regev, los dos soldados israelíes secuestrados en el 2006. La operación provocó una campaña militar que acabó con las infraestructuras libanesas, cientos de víctimas, y un récord de 160 muertos en Israel.
Ahora Nasralá busca la vuelta de Samir Quntar, uno de los miembros destacados de su movimiento, y de otros que se hallan en las cárceles hebreas. Algunos quieren ver en el trato información sobre el paradero del desaparecido piloto Ron Arad, capturado en el sur del Líbano en 1986.
Una vez le pregunté a Nasralá por Arad. Sus agentes casi me asesinan con la mirada, al tiempo que el traductor me obligaba a pasar a otra cuestión. Según informaciones, el piloto habría acabado en una cárcel iraní, imposibilitado para andar, tras haber intentado la huida. Otros le dan por muerto.
Israel también busca el retorno del soldado Gilad Shalit, en manos de los integristas palestinos en Gaza desde junio. A cambio de otros presos palestinos en Israel. En todos los casos, tanto vivos como muertos. En las dos religiones, musulmana y hebrea, es importante la sepultura reconocida para acceder a la vida eterna.
De fondo, las tensiones crecientes entre Siria, por una parte, y Arabia Saudí y Egipto, por otra. «Guerra fría en el campo árabe», titulaba el diario jordano Ad Dustour . Para otros, como el panárabe Al Quds al Arabi, se trata de una estrategia para dividir al bloque medioriental con vistas a un posible ataque militar contra Irán este verano. Algo que da por hecho el ex ministro alemán de Exteriores, Joschka Fischer. Asegura que lo hará la aviación israelí, más pronto que tarde.