Japón acelera el ritmo de las ejecuciones y ahorca a cuatro condenados

Colpisa

INTERNACIONAL

Japón es el único gran país industrializado que practica la pena de muerte junto a Estados Unidos.

10 abr 2008 . Actualizado a las 15:34 h.

Las autoridades niponas ordenaron ahorcar a cuatro condenados a muerte, entre ellos un hombre de 61 años que había encontrado en la poesía una forma de expresar sus remordimientos, en una clara muestra de que el ritmo de las ejecuciones se está acelerando en Japón. Estos ajusticiamientos elevan a 20 el número de ejecuciones en este país desde el 25 de diciembre de 2006, cuando las autoridades anularon una moratoria de hecho de 15 meses, promovida por el ministro de Justicia de entonces, Seiken Sugiura, un abolicionista convencido.

El actual titular de Justicia, Kunio Hatoyama, un ferviente partidario de la pena capital, ha firmado al menos diez ejecuciones desde que asumió el cargo, el pasado agosto. Japón, el único gran país industrializado que practica la pena de muerte junto a Estados Unidos, ha acelerado las ejecuciones en estos últimos meses hasta un ritmo que no se registraba desde 1993, fecha en que se retomaron después de tres años de pausa.

«He ordenado las ejecuciones en virtud de la ley y de mi responsabilidad como ministro de Justicia», declaró escuetamente Hayotama. Agregó, no obstante, que «jamás» tendrá en cuenta «el número de ejecuciones» ni su «ritmo» a la hora de decidir si firma nuevas órdenes de ahorcamiento. Un responsable de Amnistía Internacional en Japón, Makoto Teranaka, denunció las ejecuciones, organizadas «una vez más, en secreto».

Los condenados a muerte en Japón sólo son informados de su ejecución justamente antes de que se produzca y las autoridades no las comunican públicamente hasta que se han cumplido. «No podemos evitar pensar que habrá muchas ejecuciones este año, lo que va completamente en contra de la tendencia mundial hacia la abolición de la pena de muerte y constituye una vergüenza para Japón», deploró Teranaka.

Absueltos en primera instancia

Amnistía Internacional subrayó que dos de los cuatro ahorcados habían sido absueltos en primera instancia antes de ser condenados.

Uno de estos dos, Kauru Okashita, de 61 años, fue sentenciado por el asesinato de dos personas hace 20 años, una de ellas una anciana de 82 años con la que mantenía una disputa acerca de una propiedad.

Este hombre, también llamado Akinaga, se inició en su celda en la escritura de una forma de poesía japonesa tradicional de 31 sílabas, el tanka. Estos poemas se convirtieron para el reo en una forma de expresar sus remordimientos y de dejar un testimonio de su condición de condenado en el corredor de la muerte.

Amnistía Internacional explicó que entre los otros ejecutados, uno había defendido su inocencia hasta su muerte, mientras que otro podría haber sido reconocido como irresponsable en el plano penal debido a una deficiencia mental.

Ademas de Okashita, los otros tres ahorcados eran Masahito Sakamoto, de 41 años, condenado por haber violado y matado a una joven estudiante, Katsuyoshi Nakamoto, de 64 años, reconocido culpable de la muerte de un joyero y de su esposa durante un robo, y Masaharu Makamuru, de 61 años, por haber asesinado a dos hombres envenenándolos. Unos cien condenados esperan en el corredor de la muerte en Japón.