Esta semana, un escalofriante vídeo mostraba desde Irak cómo niños de unos 10 años y vestidos con camisetas del Real Madrid se entrenaban para convertirse en miembros de Al Qaida. Pocos días antes, dos mujeres discapacitadas habían sembrado el terror, sin ser conscientes, al estallar las cargas explosivas que portaban en sendas cajas de pajaritos. Miembros de Al Qaida habían activado las bombas por control remoto.
«Al Qaida en Irak quiere envenenar a las próximas generaciones de iraquíes», decía en rueda de prensa el almirante Gregory Smith, del Ejército norteamericano, en la presentación de las imágenes, requisadas en una operación en la zona de Jan Bani Saad, al nordeste de Bagdad. «Ofrecen niños como la nueva generación de muyahidines, de guerrilleros para la guerra santa», remachó.
Mohamed al Askari, portavoz del Ministerio de Defensa de Irak, informó que los terroristas de Bin Laden secuestran a niños. «En muchas ocasiones -añadió Askari- la finalidad no es solo reclutarlos, sino pedir un rescate para financiar las operaciones».
Otro vídeo mostraba cómo se liberaba a un niño de 11 años que había sido raptado. Hasta 80.000 miembros de las tribus suníes del centro de Irak se han rebelado contra Al Qaida y sus prácticas cada día más abominables.
Algunos de los niños iraquíes vestían camisetas del Real Madrid. Imposible ignorar cómo los de la ONG francesa El Arca de Zoé, en el Chad, lo hacían con otras del F?C Barcelona. Nada más fácil que comprar en los mercadillos de cualquier país subdesarrollado, en conflicto, o aspirante a homologarse con sociedades prósperas, las camisetas de cualquier gran equipo europeo. A los niños se les compra con gestos de complicidad y se les imbuye psicológicamente la idea de que todo lo que se les enseña y se practica en grupo se trata de un juego, un pasatiempo con premios a los infantes soldado.
El fútbol es un símbolo universal. Desde mucho tiempo después del profeta Mahoma y del Corán.
En un momento del vídeo iraquí, los niños, sentados en el suelo, formados en círculo, juran solemnemente su pertenencia a Al Qaida. Una voz , durante la mayor parte de la grabación, da instrucciones a los niños, que secuestran a un hombre en bicicleta, o se entrenan en el uso de armas, sobre cómo y con quiénes actuar. Una mini película de propaganda, destinada a otros niños, a otros lugares de Irak.
Generaciones perdidas
Los niños iraquíes no son nuevos en los episodios de terror que vive el país. En Bagdad, la pasada primavera, un coche bomba estalló en el aparcamiento subterráneo de un mercado, con tres niños en los asientos traseros. El conductor consiguió pasar los controles arguyendo que iba a hacer unas gestiones y que, mientras, sus «hijos» lo esperarían en el coche. Los niños como señuelos. Los niños como trampa.
En la misma provincia de Diyala se requisó otro vídeo donde se entrena a niños que luego interrogan y matan a prisioneros. Las generaciones perdidas de Irak.