Ana Amaro coordina en Centroamérica el mayor plan de cooperación de la Xunta
27 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En Guatemala, un notable porcentaje de su población tiene raíces mayas. Pero las mujeres indígenas que disponen de estudios superiores se cuentan con los dedos de una mano. Y la desnutrición en esas comunidades duplica a las de los no indígenas. En el calendario maya Oxaluj Tz'ikin se traduce como el Día de la Fortuna. Pero suerte no ha tenido este pueblo a lo largo de su milenaria historia. Fueron, diría un refrán recurrente, de Guatemala a guatepeor. Esa situación debería ir mudando ya.
En otro país que presume de historia maya, México, nació hace 28 años Ana Amaro. La suya es una de tantas historias de la emigración gallega. Con cuatro años se asentó en Vigo. Hoy, Oxaluj Tz'ikin, el Día de la Fortuna, es el nombre del programa que coordina en Guatemala. Es la iniciativa de mayor calado y presupuesto que ha patrocinado hasta la fecha la Dirección Xeral de Cooperación de la Xunta. Supondrá un desembolso durante los próximos cuatro años de 5,7 millones de euros y cuenta con la colaboración de seis oenegés con sede en España, nueve organizaciones guatemaltecas, dos gobiernos municipales (Retalhuleu y Champerico) y hasta 18 comunidades campesinas. En total, 20.000 personas son las potenciales beneficiarias.
«La principal satisfacción es tener un trabajo que te gusta y con el que todos los días aprendes algo de alguien, y Guatemala además es un país increíble, con muchísima riqueza natural», relata Ana en el que es su tercer destino en tareas solidarias. Primero fue en Francia, en un centro para discapacitados mentales dentro del servicio europeo de voluntariado; algo similar ya había experimentado en Santiago, dentro de un programa de alfabetización en el psiquiátrico más conocido de Galicia, el de Conxo. Luego llegó Senegal, en una comunidad al sur de Dakar vinculada al desarrollo rural.
Finalmente, Guatemala. Primero con una iniciativa de mejora de pesca artesanal. Ahora, con esa iniciativa Día de la Fortuna, programa en el que lleva implicada desde febrero. Conllevará planes de salud, educación, gestión ante riesgos por catástrofes, habitabilidad en viviendas, fortalecimiento institucional... «El principal problema, además de la violencia, es la desigualdad que existe en este país y las condiciones de vida en las que subsiste la mayor parte de la gente», relata Ana.
El programa tratará de poner fin, o cuando menos paliar, esas deficiencias. Por lo pronto, ya se ha logrado una coordinación entre comunidades. A partir de ahora se tratarán de garantizar, cuando menos, servicios sociales básicos. «La cooperación -agrega la viguesa- es un medio para cambiar en algo las cosas, aunque sea al menos a pequeña escala». Aunque a veces la realidad es tozuda e impide que se visualicen esos cambios: «Los peores momentos son cuando te das de frente con la realidad de mucha gente y te sientes impotente».