Una miniserie ajustada al canon

miguel anxo fernández

TELEVISIÓN

Telecinco ofrece esta noche (22.00 horas) la segunda parte de «11-M»

06 jul 2011 . Actualizado a las 17:43 h.

El principal riesgo de productos como 11-M -hoy se emite la segunda entrega a las 22.00 horas- está en el grado en que se mantenga fresca la memoria colectiva sobre los hechos recreados. Lo sucedido aquel fatídico 11 de marzo del 2004 en Madrid, no solo nos impactó de una manera brutal sino que además determinados sectores políticos y mediáticos se encargaron de escarbar y remover en la herida durante años hasta provocar hastío más allá de los afectados y su entorno.

La productora Plural y Telecinco, sin prescindir de un indudable oportunismo, sabían el riesgo que corrían, tanto regresando a una tragedia que provocó 191 muertos y 1.857 heridos como arriesgándose a que la audiencia mirase a otro lado. A mayores, los varios colectivos de afectados que por lógica no verían con buenos ojos remover aquellos dolores.

Al margen la coartada facilona de emitir a continuación el documental Los rostros del olvido centrado en familiares, lesionados, enfermos y supervivientes, Telecinco sabía que debería manejar el producto con la suficiente sutileza para no encrespar ánimos. Nada más cómodo que curarse en salud basando el guion en los hechos probados por la Audiencia Nacional y en el fallo del Tribunal Supremo. Eso sería lo qué cuenta para centrarse en cómo contarlo.

La miniserie 11-M responde al producto de aceptable factura televisiva, reforzada por un acierto en la selección de actores, sobre todo en cuanto a los siete terroristas que optaron por inmolarse en un piso de Leganés, secuencia muy bien resuelta con el recurso a la imagen de archivo tomada por un vecino. Aceptable espectáculo televisivo aunque apenas nos descubrió nada nuevo. Tal fue la matraca padecida durante años, que la emoción y el suspense se echaron a un lado.