Detenido en Madrid un pederasta coruñés huido desde hace seis años

GALICIA

Pereiro Mantiñán abusó varias veces de al menos cinco niños durante permisos carcelarios, hasta que escapó

11 mar 2010 . Actualizado a las 02:03 h.

La policía gallega no conoció a pederasta semejante. Se llama Diego Pereiro Mantiñán y ya con 23 años abusó varias veces de un niño al que cuidaba como voluntario de un centro de menores de Miño. A ese crío le siguieron otros cuatro durante los siguientes diez años. Que se conozcan, pues agentes que siguieron sus pasos están convencidos de que fueron muchos más.

Aprovechaba sus salidas de prisión, bien por permisos o buena conducta, hasta que le impusieron una condena de diez años por agredir sexualmente y en varias ocasiones a un niño de Ferrol. Su abogada recurrió y antes de que le diesen respuesta, Mantiñán desapareció. Fue en el 2004, cuando la policía lo fue a buscar a casa para ingresarlo en prisión. Ya no estaba. Había huido y ni la familia sabía su paradero. Permaneció fugado hasta hace unas semanas. La policía madrileña lo detuvo y ahora permanece en prisión, de donde no saldrá hasta el 2022. Eso, si no vuelve a disfrutar de permisos.

A instancias de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de A Coruña, que ordenó su busca y captura, la policía puso todos los medios posibles para darle alcance. Incluso se dio traslado a Interpol de todos sus datos. Pero hasta hace poco nada se supo de este hombre que ahora tiene 39 años. Ni siquiera trascendió cómo y dónde se le detuvo.

Este coruñés del Agra do Orzán lleva desde 1994 burlando a la Justicia. Acompañado siempre por la suerte, sus abogados lograron su puesta en libertad en varias ocasiones. Esas salidas y entradas de prisión eran aprovechadas por este hombre para cometer violaciones y abusos sexuales, hechos por los que fue condenado a penas que suman más de 15 años de prisión.

La primera vez que abusó de un niño fue en 1994. En aquellas fechas prestaba servicios como voluntario en el centro de acogida de menores Pazo de San Pelayo, en Miño. Allí conoció a un niño de 11 años, del que abusó varias veces, casi siempre en su propio vehículo. El castigo que recibió por eso fue un año de prisión, que no cumplió al carecer de antecedentes. Cuatro años más tarde, abusó de otro en A Coruña. Lo engatusó con una palmera de chocolate para luego llevarlo a su domicilio. Fue detenido y puesto en libertad en espera de juicio.

A los seis meses se presentó en Ferrol con una furgoneta llena de juguetes y en un parque convenció a un niño para que entrara en el vehículo, donde lo violó. La policía lo detuvo a los pocos días, cuando intentaba abusar?del mismo crío. Pero sus abogados lograron de nuevo ponerlo en la calle, en espera del juicio. En agosto del 2001, con la ?libertad recuperada, volvió a abusar sexualmente de un crío en A Coruña. Tampoco esta vez se libró de la persecución policial, que lo llevó ante un juez, quien lo condenó a dos años y medio de prisión en mayo del 2002. Tres meses después se celebró el juicio por el caso del niño ferrolano. Fue condenado a diez años de prisión. Pero un recurso de casación lo puso de nuevo en la calle. Cuando el 29 de abril del 2004 le rechazaron el recurso, huyó.