Adiós a los grandes sueldos y a los días de vino y rosas

J. Casanova

GALICIA

La morriña y la crisis, combinación perfecta para volver a casa

05 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En los buenos tiempos, Fernando López llegó a tener 150 empleados, la mayoría gallegos: «Eu mesmo cheguei a levar a todos os do meu pobo que estaban en idade de traballar». Ahora tiene tres y el parón inmobiliario dejó a su empresa con 20 pisos sin vender. Aun así, asegura que no le cogió tan mal, que a otros les fue mucho peor y que, en cualquier caso, no piensa tirar la toalla: «Estamos esperando a coller obra civil». Fernando es uno de los que creen que la crisis no es el único motivo de regreso: «Moita xente cansouse de aquelo. Sobre todo as mulleres, as parellas xoves, que sempre tiveron na cabeza o regreso. De tódolos xeitos, os que iban voltar, xa o fixeron». Xurxo Rodríguez, con quien compartió no pocas aventuras en la isla marcando galleguidad por donde pudieron, añade algún matiz: «Es verdad que quedan muchas familias allí, pero bastantes están atrapadas porque están pagando una hipoteca y ahora no pueden vender el piso para regresar. Si pudieran, volverían mañana mismo».

Hasta 6.000 euros

Durante años, la vida en Canarias no fue fácil, pero sí alegre: Largas jornadas de trabajo y sueldos impensables en Galicia (hasta 6.000 euros al mes para los que trabajaban a destajo) revertían para muchos en juergas memorables. Hoy, todo eso se acabó. En el Servicio Público de Empleo Estatal (antiguo Inem) de Cee, admiten que no soplan buenos vientos para los que volvieron y que hay patronos que especifican claramente que no quieren trabajadores retornados de Canarias. Una dificultad más. «A miña ventaxa é que eu aprendin o oficio aquí, en Galicia,», explica José Miguel Alvela, un trabajador de la construcción que apenas ha tardado mes y medio en encontrar un empleo. Ha tenido más suerte que otros, que tuvieron que coger un nuevo camino de emigración, aunque más corto: «Moita xente que retornou marchou cara Santiago ou A Coruña», explican en el Concello de Carnota, un ayuntamiento que en los momentos más álgidos de los ochenta contaba las bajas en el padrón municipal a razón de cuatro centenares al mes, la mayoría camino de Canarias. ¿Qué pueden esperar del pueblo del que salieron, donde las posibilidades laborales son hoy aún peores que el día que decidieron emigrar?

En Cangas, donde Xurxo se ha cogido un apartamento mientras busca un empleo, él y Marisa Pires comentan las dificultades de la vuelta, la caída de los días de vino y rosas en Fuerteventura y, pasado el mal trago de los peores recuerdos, se dejan llevar por la música tropical que se oye y a la que se unen enseguida, cantando y comentando pequeñas y grandes aventuras de aquellos días. En un arranque de sinceridad, uno le comenta al otro: «La verdad es que lo pasamos de puta madre».