15 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.
Cuando era niño, Antonio aprendió las cuatro reglas en la escuela que impartía en Louzarela «un veciño ben preparado». Además de brindador, fue matachín de cerdos, hacía zuecos, arados y los ejes de sus carros o de los de los vecinos, oficios todos por los que nunca cobró.
Vive con su mujer y con un hijo soltero, al que ayuda a cuidar una docena de vacas. Conduce, habla del pasado sin demasiada nostalgia y solo le cambia algo la voz cuando relata un homenaje que le dieron Xosé Luis Foxo y un montón de amigos.