La plácida botadura de un gigante

X.?V.?G. / B.?C.

GALICIA

La primera entrada en el mar del «Juan Carlos I», presidida en la antigua Bazán por los Reyes y los Príncipes, se desarrolló ante 6.500 invitados y en un ambiente festivo

11 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Al bajar de los vehículos, varios de los invitados no pudieron reprimir la admiración: «¡Míralo, es una barbaridad!». Tenían frente a ellos el nuevo Juan Carlos I . La nave, de proporciones realmente sorprendentes, supera en tamaño a cualquier edificio de Ferrol. Eran las 17.55 horas y alrededor del buque, que descansaba en una de las gradas del astillero, se arremolinaba una multitud que recordaba al cuento de Gulliver y los liliputienses.

Asistieron más de 6.500 invitados y 108 periodistas acreditados. A los pies del barco, rodeándolo, los obreros de Navantia, forjadores de la mayor arma con la que nunca haya contado la Marina española, investidos de la dignidad del obrero con sus monos verdes y azules y cascos blancos. En los laterales de la grada y la tribuna, cientos de militares, agregados de las armadas de 40 países, la mayoría europeos y de la OTAN, delegados diplomáticos de Australia, Noruega y otras potencias extranjeras; y altos cargos de los Gobiernos autonómico y central, entre ellos el presidente Emilio Pérez Touriño, y los ministros de Cultura y Defensa, César Antonio Molina y José Antonio Alonso.

Poco después de las 18 horas, con puntualidad británica, llegaron los Reyes y los Príncipes. Don Juan Carlos y don Felipe, con uniformes de la Armada, doña Sofía, con un abrigo de tono claro, doña Letizia muy elegante con un traje gris. El Rey se detuvo un instante y, azotado por el viento, saludó al personal que lo observaba desde la proa del buque, unos 14 pisos más arriba. En apenas nueve minutos todo estaba dispuesto. Tras la bendición de la nave, la Reina, su madrina, golpea el péndulo con un pequeño martillo, una botella de Codorníu Non Plus Ultra revienta contra el casco de 230 metros de longitud y 20.000 toneladas, y el Juan Carlos I comienza a deslizarse hacia el mar. Para sorpresa de los inexpertos, apenas hace ruido al moverse, solo se escuchan fortísimos aplausos y las sirenas del astillero.

«Amazing ship»

En unos segundos, la enorme mole del Buque de Proyección Estratégica (BPE) flota plácidamente en aguas de la ría de Ferrol. «Amazing ship, amazing shipyard (sorprendente nave, sorprendente astillero)», exclama en voz baja uno de los representantes de la Armada australiana ataviado con uniforme de gala. No hubo tiempo para más, apenas unos minutos después, la multitud se trasladó a toda prisa al palacio de las Herrerías del Arsenal. Los Reyes inauguraron allí Exponav, la muestra sobre la construcción naval que se creó con la colaboración del Gobierno central, la Xunta y el Concello, y que abrirá al público durante los próximos días.

Tras el acto oficial, los Reyes y los Príncipes, seguidos por una enorme comitiva, entre la que había numerosos políticos locales, visitaron la exposición con detenimiento y, pese al muy rígido protocolo, hicieron numerosas preguntas acerca de los contenidos de la muestra. Se detuvieron especialmente los Príncipes ante la recreación de un soldador de época, ataviado como los antepasados de los constructores del

Juan Carlos I.