Vettel y Webber firman un doblete y Massa asume el liderato del Mundial gracias a la rotura de motor de Alonso
05 abr 2010 . Actualizado a las 02:55 h.En Bahréin reinó Fernando Alonso. Y en Australia venció Jenson Button. Pero sobre todos ellos planeaba la sombra de los Red Bull, rápidos y frágiles, plumas al viento. En Malasia, sin lluvia, la escudería austríaca cumplió su amenaza con un doblete casi plácido. Voló sin estrellarse. Sebastian Vettel firmó el triunfo y Mark Webber acabó segundo. Nico Rosberg subió a Mercedes al podio. Y los Ferrari penaron por sus errores tácticos del sábado y sus fallos mecánicos de ayer. Alonso, que arrancó desde las oscuras profundidades de la parrilla, se sobrepuso a un coche que se quedó sin embrague antes de empezar, al decepcionante ritmo de la primera parte de la carrera, a la incómoda estela de Felipe Massa. Pero cuando intentó sobrepasar a Jenson Button en la lucha por los puntos de consolación, su Ferrari se rindió. Fumata blanca del motor. Primera patada del cavallino rampante . Este volantazo del Mundial deja a Felipe Massa, que fue séptimo, al frente de la clasificación.
Alonso decía el sábado que el puesto en la parrilla era poco más una anécdota. Porque esperaba una marejada en Sepang que agitara las posiciones como en Australia. Pero los aspirantes a remontada no fueron bendecidos desde el cielo. La carrera se disputó en seco. Y, por eso, la victoria se convirtió en un lujo prohibitivo para los Ferrari y los McLaren. En la salida, Vettel tomó el mando y Webber lo siguió. Ambos dejaron atrás a Rosberg. Y ahí se cerró la historia del podio.
Un gran Hamilton
Lejos quedaban los ecos de la batalla por la remontada. Un chispeante Lewis Hamilton, agresivo en sus ataques y rozando la ilegalidad en su lucha por mantener la posición con Vitaly Petrov, avanzaba a lomos de un McLaren temible que lo llevaba a devorar nueve posiciones en poco más de tres vueltas. Alonso, lastrado por los problemas de su coche, cedía en el arranque ante el británico y Massa. El asturiano volvía a encontrarse con la peor cuña, la de su propia madera. De nuevo detrás del brasileño, atrapado entre las propias limitaciones y la diplomacia de equipo.
Alonso fue el último en visitar los boxes. Salió con neumáticos duros y explotó en la parte final de la carrera el agarre de las gomas blandas. Entonces comenzó a limar el crono en pos de Massa y Button. Cuando recortó la distancia, el brasileño y el inglés habían intercambiado posiciones. Parecía que la carrera sonreía por fin al bicampeón, ya que se topaba con el británico, uno de los pilotos considerados limpios y blandos a la hora de asestar un adelantamiento. Pero Button se resistió a un Ferrari impotente, sin gas para acercarse lo suficiente a su rival. En uno de esos intentos desesperados por adelantar, el Ferrari despidió una gran cantidad humo blanco, un síntoma de que la herida era mortal. Ahí se acabó el sufrimiento de Alonso. En la penúltima vuelta dijo adiós al liderato del Mundial, que ostenta ahora Massa. Se genera una situación nueva en Ferrari.
Las dudas de este Mundial cambian de barrio. Las despeja por fin Red Bull. Y les abre sus puertas Ferrari, cuyos motores vuelven a quedar en evidencia después del doble cambio previo a la carrera de Bahréin y del recalentamiento del coche de Massa. Los Sauber, cuyo proveedor es la marca italiana, también se rompieron ayer sobre el trazado de Sepang. En la escudería italiana sabían que no eran los más rápidos. Su tranquilidad descansaba en su fiabilidad. Pero la presión se ha mudado a sus boxes.