Una inflación desbocada ralentiza el crecimiento del gigante indio

m. Sío dopeso, M. Cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

El deficiente modelo educativo frena el acceso al empleo cualificado

09 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La India podría definirse como un Estado bipolar, un país de extremos. El crecimiento experimentado, sobre todo a partir del 2003, ha propiciado un incremento de una clase media que demanda productos de todo tipo y que, en cierto modo, se ha convertido también en uno de los ejes de un desarrollo asentado precisamente en el consumo interno. El despegue de sectores como el industrial, tecnológico o servicios para grandes multinacionales son otros de los pies donde está apuntalado el crecimiento. Pero junto a esa clase media conviven, además de un segmento de alto nivel, miles de personas que están en la miseria. El escaso acceso que tienen muchos de ellos a la educación y el desarrollo también han contribuido a que la diferencia entre esos dos polos sea cada vez mayor.

Para Devendra Singh, una experta en software formada en Londres y que trabaja en una empresa de suministros navales del distrito de Gurgaon, el corazón industrial y financiero del estado de Haryana, a unos treinta kilómetros de la capital Nueva Deli, en ese contexto la condición que disfruta es privilegiada. Lo es desde el punto de vista de que forma parte de un lugar con un salario medio de unos mil dólares americanos (690 euros), donde la diferencia de calidad de vida es muy pronunciada entre el campo y la ciudad.

Aunque las condiciones han mejorado mucho en términos económicos -cuenta- no ha mejorado la calidad de vida. «Nuestros padres tenían mucho tiempo para nosotros, mientras que nosotros tenemos mucho menos». Reconoce también que el poder de compra es mayor, pero a costa de un incremento de la desigualdad. «La brecha monetaria entre ricos y pobres ha aumentado», dice Devendra Singh.

El fuerte ritmo de creación de empresas ha convertido a este Estado en un lugar de grandes oportunidades para encontrar un trabajo. Pero no para todos. El problema, apunta un empresario de Jaipur que ha montado una pequeña entidad de transporte para turistas, es que mucha de la población de las clases bajas no tiene acceso a la educación y, en definitiva, ve como esa oportunidad escapa de sus manos.

Al mismo tiempo, todo desarrollo rápido tiene riesgos, el de la economía de este Estado emergente es la subida de los precios. «El aumento del coste de la producción y la inflación ya están comenzando a tener efecto dominó en el consumo interno. Puede llegar a desacelerar la economía en caso de que la tendencia no se invierta en los próximo meses», dice la experta de Haryana.

Pero lo que más le sorprende es oír hablar de términos como políticas sociales o ayudas al desempleo. «No se conoce nada de eso aquí, ni he escuchado nada sobre ello, no creo que exista», asegura.

En cuanto al futuro, se muestra optimista, «somos una economía de consumo y hay todavía mucho margen para mejorar nuestra eficiencia», comenta.

Con todo, el Estado tiene todavía mucho camino por recorrer de cara a la construcción de infraestructuras o a la puesta en marcha de servicios que lo equiparen con los estados desarrollados de Europa.

Para un ingeniero madrileño que trabaja en el sector del automóvil en Bombay, Román Sanchís, «el reto está en la capacidad del país para sostener su crecimiento, que está previsto que tenga un alza del 9? % este año y se mantengan como un Estado de bajo coste». La falta de formación cualificada es otro de los grandes retos a los que se enfrenta porque las clases están llenas, pero la formación es precaria.

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