Alemania propone una moratoria de siete años para la deuda griega

mercedes mora REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Insiste en que los acreedores privados arrimen el hombro en el rescate

09 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Alemania no se rinde. Quiere que los acreedores privados arrimen el hombro y tiren del carro del nuevo rescate que precisa Grecia. Y, visto lo visto, no parece dispuesta a cejar en su empeño, por mucho que al BCE se le erice el pelo ante cualquier cosa que suene a reestructuración. Hasta ahora, el deseo de Alemania era solo eso, una idea expresada insistentemente por algunos de los principales miembros del Gobierno, Angela Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, incluidos. Pero ayer tomó cuerpo en forma de misiva enviada por este último a sus colegas europeos, al director gerente en funciones del FMI, al comisario de Asuntos Económicos y, como no, al presidente del Banco Central Europeo.

En la carta, fechada el 6 de junio y extractada ayer por el diario Frankfurter Allgemeine, Schäuble aboga sin tapujos por la ampliación en siete años de los vencimientos de los bonos griegos para dar tiempo al país heleno a recomponer su economía y recuperar la confianza de los mercados.

Cualquier acuerdo sobre el rescate «tiene que incluir un mandato claro de iniciar el proceso para involucrar a los tenedores de los bonos griegos», escribe Schäuble en la carta. Más ayudas «deben implicar un reparto justo de la carga entre los contribuyentes y los inversores privados», insiste. Y advierte: «Sin un nuevo programa de ayudas se cierne sobre Europa la amenaza de la primera bancarrota en la zona euro».

De la cuantía del nuevo salvavidas que precisa la república helena, el ministro alemán solo deja caer que es probable que «sea sustancial». Y así será, a tenor de las cifras que maneja el mercado, que se mueven en una horquilla comprendida entre los 60.000 y los 100.000 millones de euros.

Sea como fuere, la idea alemana choca con la postura del BCE, cuyos miembros del consejo han alertado por activa y por pasiva de los peligros de una reestructuración. El último en hacerlo, ayer mismo, ha sido el más que probable sucesor de Trichet al frente de la institución, el italiano Mario Draghi, quien afirmó tajante que «la reestructuración de la deuda es una opción cuyos costes superarían a los beneficios».