Hace ya unos meses que Ana García puso a la venta el piso que compartía con su pareja en el pueblo de Mesoiro, en A Coruña. Aunque su oferta es muy suculenta, no logra venderlo. «Lo damos por lo que nos queda por pagar de hipoteca. Son 120.000 euros y pedimos 125.000 porque con la diferencia abonamos los gastos de cancelación y el pago a Hacienda», explica. Por eso, mientras tanto, lo ha puesto en alquiler. Tiene mayor salida. Pero no pierde la esperanza de que alguien se fije en esta vivienda, que está totalmente reformada y mide 69 metros cuadrados y tiene plaza de garaje.
La razón que la llevó a ella y a su ex pareja a poner en el mercado el inmueble fue la ruptura. Es algo que ocurre muy a menudo a muchas parejas, unidas en su día por el banco. Ahora para cada uno de ellos supone una carga porque tienen que pagar un alquiler, además de la parte correspondiente de lo que les resta de pagar del crédito que en su día pidieron en el banco.
Lo que ya han abonado durante el tiempo que estuvieron viviendo ahí lo toman como haber pagado un alquiler y no como un dinero perdido. «Lo que nos interesa es poder quitarnos esa carga», apunta esta joven de A Coruña.
Lo que ya han abonado durante el tiempo que estuvieron viviendo ahí lo toman como haber pagado un alquiler y no como un dinero perdido. «Lo que nos interesa es poder quitarnos esa carga», apunta esta joven de A Coruña.
propietaria de un piso en A Coruña