El 70% de las empresas gallegas no planifican sus inversiones en I+D

M.?Á.?R.

VIGO CIUDAD

10 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los manuales de economía sentencian que las crisis deberían actuar como un estímulo para la innovación empresarial. Así lo atestigua la historia y así lo dictan expertos de medio mundo. Pero una cosa es la teoría y otra bien distinta la práctica. Al menos, en Galicia, donde los esfuerzos de las Administraciones públicas para mejorar la cultura empresarial y el sector de la investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) no acaban de dar sus frutos.

Un informe elaborado en plena efervescencia de la crisis -desde finales del 2008 hasta el pasado marzo- por Rede, el grupo de investigación especializado de la Universidad de Vigo, y por la consultora Inova prueba que el músculo innovador gallego está poco desarrollado y, lo que es más grave, se encuentra todavía menos enraizado en la cultura empresarial de la comunidad.

El estudio, titulado Innova 2009 y coordinado por el profesor Xosé H. Vázquez, demuestra que prácticamente el 69% de las empresas carecen de un marco estratégico preciso y de objetivos claros hacia donde dirigir sus esfuerzos de I+D+i a corto, medio y largo plazo. Únicamente el 10% de las empresas han consolidado una cultura innovadora (fomento de la creatividad, tolerancia al fracaso, actitud positiva al cambio...). Y otro 20% aseguran haber iniciado el proceso. Mientras, tan solo 13 de cada 100 empresas aseguran que su actividad innovadora sigue un proceso y una gestión sistemáticas.

En lo que parece más comprometida la patronal gallega es en guardar las formas. De acuerdo con las conclusiones del informe, algo más de la mitad de las firmas aseguran tener una organización con personas asignadas permanentemente a realizar actividades de I+D+i. Pero en la mayor parte de los casos se trata de departamentos insuficientemente integrados con áreas como la comercial o la de márketing, habitualmente desconectados del conjunto de la empresa, y formados en muchos casos por una sola persona.

En realidad, el personal experto en la materia brilla por su ausencia. El gráfico en este parámetro muestra un encefalograma casi plano. Un 24% de las empresas aseguran que no cuentan con tecnólogos y otro 15% dicen que tienen al menos uno, pero sin experiencia. Una cuarta parte de las sociedades tienen al menos un experto, pero sin apenas competencias para tomar decisiones. Y solamente el 15% de las empresas mantienen en plantilla equipos de tecnólogos adecuados y competentes.

El medidor real del esfuerzo empresarial en materia de innovación pasa por la inversión. Y tampoco en este parámetro vital destacan las empresas gallegas, a juzgar por el informe Innova 2009 . De hecho, solo el 19% de las sociedades estudiadas consignan anualmente en sus presupuestos fondos específicos para las actividades de I+D+i. Y como contrapartida, el 49% de las compañías únicamente consignan fondos para este fin de manera ocasional o no disponen de ellos.

Recelos sobre lo público

Si los esfuerzos en innovación no son lo consistentes que sería deseable, los empresarios tampoco ven con buenos ojos los mecanismos que las Administraciones están poniendo a su disposición. Más de la mitad de las firmas consultadas, un 54%, consideran que la red de organismos de apoyo a la innovación empresarial es insuficiente e incluso inmadura. En la parte pública, esto refleja el recorrido todavía escaso de muchas iniciativas que requieren más tiempo para su consolidación. Y en la parte privada, los agentes privados de innovación (API) son considerados por los empresarios como entidades que deben mejorar el alcance de sus servicios y su calidad.

Por otro lado, un 54% de las empresas consideran que las ayudas públicas a I+D+i son todavía complejas y están insuficientemente dotadas. Entre el 46% restante, casi la mitad sostienen que estas ayudas están poco o nada alineadas con las necesidades reales de las sociedades. Frente a este pesimismo sobre las ayudas y redes públicas, dos de cada diez empresas consideran que los mecanismos privados de financiación se ajustan a las necesidades del tejido gallego y son confiables en un grado avanzado.