Francia inyecta 6.500 millones en Renault y Citroën a cambio de que no haya despidos en el país
ECONOMÍA
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, confirmó ayer que los grandes constructores automovilísticos del país, Renault y PSA y Renault Trucks, recibirán préstamos directos por valor de 6.500 millones de euros a cambio de que no haya cierres de fábricas ni despidos en Francia. De esa cantidad, 3.000 millones serán para Renault, el que más ayuda necesita; otros 3.000 para PSA Peugeot Citroën, y los 500 restantes para Renault Trucks (división de camiones), anunció el presidente tras recibir a representantes del sector en el palacio del Elíseo.
Los fabricantes recibirán esta inyección de capital en forma de créditos preferenciales a un plazo de cinco años y a una tasa de interés del 6%. Como contrapartida, subrayó Sarkozy, Renault y PSA se han comprometido «a no cerrar ninguna de sus plantas durante la duración de estos préstamos y hacer todo lo posible por evitar despidos».
El paquete de ayudas se completa con otros 2.000 millones de euros destinados a las entidades de financiación de Renault y PSA, 600 millones a los subcontratistas y proveedores, y un incremento de las indemnizaciones por paros parciales.? Son datos de un pacto que había filtrado la prensa y que también había avanzado, aunque sin dar detalles, el propio Sarkozy en su discurso televisivo del pasado jueves, en el que abordó la actual crisis económica y financiera. El presidente dejó claro entonces que el Estado saldría al rescate del sector, pero sin darle un cheque en blanco. «Es normal que, si damos dinero público, haya contrapartidas», dijo el mandatario, quien precisó, como ejemplo, que si la industria automovilística recibe financiación estatal «no es para que después se sepa que otra fábrica se va a la República Checa o a otro sitio».
Contrapartidas
Ayer volvió a insistir en que se trata de una ayuda con contrapartidas, un pacto destinado a lograr que Francia conserve su capacidad de producción y una industria automovilística fuerte y bien preparada para el futuro. De hecho, el plan anunciado ayer pretende impulsar una actividad clave para la economía y la competitividad del país, muy afectada por la caída de las ventas, los despidos y las deslocalizaciones. Sarkozy no descartó que este esquema se repita en otros sectores estratégicos.
Las reacciones fueron casi inmediatas. El grupo PSA Peugeot Citroën difundió un comunicado en el que garantiza su compromiso de no cerrar fábricas ni despedir a empleados en Francia. Es más, el fabricante anuncia en la misma nota que «en los dos próximos años lanzará, en cada una de sus cinco plantas de montaje de Francia, de uno a varios modelos nuevos de vehículos». También Renault se felicitó por el crédito del Estado, que el presidente del grupo, Carlos Ghosn, calificó de «indispensable» para poder mantener su actividad y proseguir sus proyectos en el ámbito del desarrollo de nuevas tecnologías.
En un comunicado, Renault anunció que no pondrá en marcha el plan social previsto para el 2009, reafirmó su compromiso de no cerrar plantas «en los próximos años» en Francia y avanzó el lanzamiento en las fábricas galas de cinco nuevos modelos «de aquí a finales del 2012».
Los créditos directos del Estado se suman a otras ayudas ya anunciadas por el Gobierno francés para salvar a la industria del automóvil, como la prima de 1.000 euros para quien lleve al desguace su coche y se compre uno nuevo; o los 1.000 millones de euros de préstamos garantizados otorgados a las financieras de los constructores.
La ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, por su parte, aseguró ayer en Bruselas, donde participó en la reunión del Eurogrupo, que el plan de ayuda a los fabricantes de automóviles diseñado por el Ejecutivo no supone «ningún relanzamiento del proteccionismo».