Juan Posada García tiene 48 años y lleva 11 trabajando en Garevol, una auxiliar de la automoción que fabrica fundas de volantes y palancas de marcha y que, como el resto de la industria de componentes, sufre las consecuencias de la caída de la producción del sector. En el caso de Juan y el de los 85 trabajadores de la plantilla, el problema, de momento, es la falta de cobro. El fantasma del cierre, obviamente, planea por todas partes. «¿Miedo a perder el empleo? En este momento, sí. Me levanto todos los días a las cuatro de la mañana y no sé si voy a tener trabajo», afirma.
Lo que más preocupa a este empleado de Garevol es la falta de alternativas. «Dentro de nada voy a cumplir 49 años y es una edad muy avanzada. Y si no hay empleo para la gente joven ya me dirás para la gente de mi edad, qué va a ser de mí», agrega.
Juan está casado, pero no tiene hijos a su cargo. «Afortunadamente, mi situación es mejor que la de muchos compañeros que tienen que mantener a una familia y hacerse cargo de la hipoteca, y que están viendo cómo al final de mes no les ingresan el sueldo», asegura.
La plantilla de Garevol acudirá el lunes al trabajo, pero no para producir, sino para reunirse y salir a la calle para exigir su derecho de cobrar las nóminas que les corresponden. Tienen poca experiencia en movilizaciones, pero todo se aprende. «El viernes estuvimos concentrados en la Gran Vía y la cosa salió bastante bien. No queremos molestar a nadie. Lo único que exigimos es que nos digan lo que va a pasar. No podemos seguir así, cobrando un mes sí y el otro no», concluye.