Con hipoteca y sin piso. Con agua y gas pero sin electricidad. Los afectados por el caso Marbar, cuyo propietario huyó a principios de año, se han cansado de reclamar en los últimos nueve meses que se les suministre luz a las viviendas. Ese es el único requisito para que muchos de ellos puedan trasladarse a vivir a los pisos, de los que pagan hipotecas, impuestos y otros gastos pese a no poder disfrutarlos.
El problema surgió en marzo, cuando algunos de los compradores pretendían mudarse o incluso ya residían allí. «En un principio nos dijeron que había facturas sin pagar del constructor y por eso cortaban el suministro, ahora dicen que falta un transformador y cada vez es algo diferente», recuerda Rubén C. Hermida desde el bloque del edificio centro, con un total de 96 viviendas, de las cuales hay muchas sin vender.
Para intentar solucionarlo se entrevistaron con la empresa responsable y con Industria, donde recibieron asesoramiento, pero sin éxito. «La firma instaladora dice que no hay boletín en la consellería, pero supuestamente fue solicitado. No entiendo nada, porque para escriturar tiene que haber una cédula de habitabilidad y con los demás servicios no hay ningún problema», recuerda Adolfo Vázquez, uno de los propietarios, que cuenta incluso con el piso amueblado.
Para ejercer mayor presión, diez de las familias implicadas han decidido encerrarse este fin de semana pese a no tener luz. Provistos de velas y bocadillos, permanecerán en los pisos de viernes hasta el domingo. Una medida que también servirá para ahuyentar el vandalismo, puesto que al estar los bloques vacíos los intentos de robo y los destrozos se han repetido desde que el constructor tomiñés se fugó.