Con el petróleo por las nubes, las bolsas por los suelos y el poder adquisitivo de las familias hundiéndose en las movedizas arenas de la inflación, la Comisión Europea propuso ayer rebajar los tipos del IVA que se aplican a productos y servicios como los pañales, los condones y los cortes de pelo. También los que gravan la compra de viviendas, pero nada de suavizar la fiscalidad de los combustibles, como reclaman los profesionales del campo, la pesca y el transporte, los más afectados por el estallido de los precios del crudo.
Bruselas empezó a preparar la reforma de la directiva del IVA antes de que empezara la crisis, porque quería homologar los tipos reducidos con los que cada país puede beneficiar, de manera temporal y hasta el 2010, a algunos productos y servicios. Los cambios que ayer presentó el comisario de Fiscalidad, László Kovács, no están pensados para afrontar la desaceleración económica, pero el momento elegido para presentarlos no parece consecuencia del azar.
Las normas de aplicación del IVA datan del año 1992 y han sido reformadas en varias ocasiones, la última en el 2006. En principio parecen sencillas, porque la directiva se limita a establecer un gravamen mínimo del 15% y a permitir que los estados miembros lo rebajen hasta el 5% en casos excepcionales, y aún más para un exclusivo grupo de bienes y servicios «sensibles». Sucede, sin embargo, que cada país ha ido negociando con Bruselas esas exenciones una a una y según las necesidades del momento, y el resultado es un complicadísimo puzzle de tipos reducidos y superreducidos, sin mucho sentido de mercado único y con llamativas diferencias. Como la que permite que los restaurantes de once países, entre ellos los españoles, cobren a sus clientes la mitad del IVA que pagan los comensales de los otros dieciséis socios, o que los compradores de vivienda nueva en España paguen un 7% de IVA cuando en otros estados la tasa alcanza el 20%.
«Generalizar»
«Propongo generalizar la aplicación opcional de tipos reducidos en sectores donde hay suficientes evidencias de que no se producirán distorsiones en el del mercado interior», dijo ayer Kovacs, que quiere primar las actividades con un uso intensivo de mano de obra. El comisario cree que la libre competencia no se verá afectada si cada país decide si aplica o no un IVA rebajado a las empresas de la construcción; a los talleres de reparación de bicicletas, relojes y ordenadores; a las peluquerías y salones de belleza; a los profesionales de la asistencia a domicilio de enfermos, niños y ancianos; a las empresas encargadas del mantenimiento y restauración de monumentos y lugares de culto; a las firmas de jardinería; a los fabricantes de pañales, condones y compresas, y a los distribuidores de sillas infantiles para coches.
También a los restaurantes, que podrán rebajar el IVA de los platos pero no del vino, la cerveza y los chupitos. Y a los libros, aunque no a los cedés ni a los deuvedés cuando contengan productos musicales o audiovisuales.