Todos los activos en los que tradicionalmente invierten los particulares españoles arrojan pérdidas este año. Solo las materias primas se salvan de la quema
29 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los inversores españoles no lo tienen nada fácil. Todos los activos en los que han venido invirtiendo en los últimos años están de capa caída. La Bolsa pierde este año más de un 20%, la perspectivas de subidas de tipos han aplicado un severo correctivo a la deuda, los fondos de inversión viven el peor momento de su historia y algo similar ocurre con la vivienda. Las únicas que se salvan de la quema son las materias primas, pero no son precisamente un activo popular entre los ahorradores de a pie. Así las cosas, la pregunta que se hacen muchos ciudadanos, aquellos afortunados a los que la imparable escalada de la inflación y la galopada del euríbor no les ha dejado con el agua al cuellos es ¿en qué se puede invertir?. Los depósitos bancarios y la renta fija a corto plazo se perfilan como la tabla de salvación de los ahorradores.
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Una Bolsa en mínimos. Hace algunas semanas la Bolsa parecía vislumbrar la luz al final del túnel, pero los últimos acontecimientos han dado al traste con los intentos de recuperación. La crisis financiera tiene cuerda para rato, los datos referidos a la marcha de la economía no dejan ningún resquicio para el optimismo y el petróleo no da tregua. El resultado: una caída hasta los mínimos de casi dos años y una pérdida anual que supera ya el 20%.
Es más, los analistas aconsejan olvidarse de la renta variable, como poco, hasta el 2009. Si aun así el inversor opta por confiar su dinero a la Bolsa, la recomendación pasa por huir de compañías aéreas (lastradas por la escalada del crudo), empresas ligadas al ladrillo y cadenas de televisión (muy expuestas a la debilidad del mercado publicitario), para centrarse en las firmas menos vulnerables al ciclo económico, los llamados valores defensivos. El mejor ejemplo de que esta estrategia funciona es Grifols. El grupo de compañías ligadas al sector sanitario se ha convertido este año en el mejor componente del Ibex, con una revalorización anual que roza el 30%. En cualquier caso, los expertos puntualizan que si la inversión es a «larguísimo plazo», la opción más recomendable «siempre o casi siempre» es la Bolsa. En este sentido, recuerdan que los últimos diez años, por ejemplo, el Ibex ha subido más de un 26%.
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Malos tiempos para los fondos de inversión. «La industria de los fondos vive el peor momento de su historia». Es la frase que más han repetido los expertos en este campo en los últimos tiempos. Y los datos les dan la razón. Desde que los problemas de las hipotecas basura aparecieron en la escena internacional hace ahora prácticamente un año, el sector no levanta cabeza. Tanto es así que en los últimos doce meses han sido algo más de 1,47 millones los ahorradores que han abandonado este tipo de instrumentos. Su huida ha supuesto una pérdida neta (suscripciones menos reembolsos) de 50.660 millones de euros, según datos de Inverco correspondientes al mes de mayo.
Dentro de este segmento, la opción más recomendada es la de los llamados fondepósitos, fondos que invierten en depósitos bancarios con diferentes plazos de vencimiento. Un producto diseñado por las gestoras en un intento desesperado por intentar retener a los ahorradores con una especial adversión al riesgo.
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El fiasco del ladrillo. Los que apostaron por destinar su dinero a la compra de inmuebles en el tramo final del bum del ladrillo lo tienen todavía peor. Ni siquiera saben lo que se ha devaluado su inversión. ¿Cómo se puede valorar un activo cuando ni siquiera existe mercado para él?.
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Las materias primas, la excepción. La apuesta directa por las materias primas es la única que, en términos generales, ha salvado el tipo. El común de los ahorradores puede acceder a ellas a través de instrumentos como los futuros o los ETF (fondos que se pueden comprar y vender en el mercado como si se tratara de una acción) que invierten en estos mercados.
Pero ya son demasiadas las voces que alertan de que sus precios han alcanzado niveles demasiado elevados, y que incluso hablan de posibles burbujas a punto de estallar. Y es por ello que confiar ahora el dinero a estos activos entraña riesgos nada desdeñables.
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Las alternativas. Ante lo revuelto del panorama, no es de extrañar que el dinero haya acudido en masa a los depósitos bancarios. De hecho, la mayoría de los analistas consideran que en el contexto actual lo más prudente es decantarse por estos productos de pasivo y por los activos monetarios (activos financieros emitidos a corto plazo: letras del tesoro, pagarés de empresa o bancarios, etcétera). Dentro de este último capítulo, muchos expertos apuestan por las emisiones de las cajas de ahorros en papeles sénior y cédulas. Ante la perspectiva de incremento del precio del dinero, hay que tener en cuenta que las emisiones de deuda a dos años no tienen correlación con los tipos de interés, mientras que la renta fija a diez años sí es sensible a posibles aumentos de las tasas.