La falta de servicios y la mala calidad de vida del trabajo disuaden a la juventud, que prefiere el espacio urbano
10 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La imagen tradicional de una Galicia vinculada al campo y al mar se difumina cada vez más rápido. Los datos de la encuesta de población activa (EPA), relativos al cuarto trimestre del pasado año, revelan que la comunidad gallega, por vez primera en su historia, tiene menos de 100.000 ocupados en el sector primario (agricultura y pesca). Concretamente, el informe sitúa el número de trabajadores en 97.000, que son justo la mitad de los que había diez años antes antes. Este vertiginoso adelgazamiento se explica, en buena medida, por la transformación económica de Galicia. Sin embargo, no toda la pérdida de peso es atribuible a este proceso modernizador que ya han vivido otros países.
Al fuerte declive demográfico se suma una crisis de rentabilidad de los negocios con vocación de permanencia. Y el último ejercicio ha sido especialmente malo para el sector: los carburantes han subido un 29%, los fertilizantes un 37% y los piensos un 42%. La situación ha llegado al extremo de que el propio presidente de Ternera Gallega, Jesús González Vázquez, ha mostrado su preocupación por el futuro de las más de 5.000 explotaciones que producen esta carne, una de las más valoradas en el mercado español.
La convulsión del sector productor lácteo constituye otro ejemplo. La vida de la pequeña granja familiar que produce para autoconsumo depende de la edad de sus propietarios, muchos de ellos ancianos. Pero las explotaciones medianas y grandes, que han hecho un esfuerzo modernizando sus medios y comprando cuota, viven con la soga al cuello.
«Nós pensamos que o descenso de renda no campo non é o único factor que explica a forte caída de poboación ocupada. Hai un problema de calidade de vida: os servizos non son bos e os traballos requiren un esforzo grande; dunha explotación hai que estar pendente os 365 días do ano e ordeñalas vacas dúas veces ao día. ¿Que mozo vai traballar aí?», reflexiona Javier Iglesias, miembro del sindicato Unións Agrarias.
El departamento de Medio Rural, que lidera el nacionalista Suárez Canal, ha hecho un esfuerzo inversor en los últimos años para incorporar a jóvenes al campo. Según los datos relativos al 2007, en ese ejercicio se sumaron a esta actividad poco más de 600 personas. La consellería explica que en el programa de incentivación se prevén ayudas de hasta 40.000 euros por nueva incorporación y cuantiosas subvenciones por inversiones en granjas.? El problema de la calidad de vida también es extensible a la pesca. Los armadores de la comunidad encuentran graves problemas para contratar a jóvenes gallegos y se ven obligados a tirar de la mano de obra extranjera. Los colonia caboverdiana de A Mariña constituye un buen ejemplo.
«En un barco se trabaja duro, pero en el campo, por ejemplo, vemos un montón de núcleos donde la telefonía es defectuosa, sin colegios, sin acceso a Internet. Faltan actividades que generen riqueza para fijar población y atraer negocios», explica Francisco Bello, secretario xeral de Xóvenes Agricultores.
El futuro
Parte de las nuevas propuestas de los poderes públicos van encaminadas a desarrollar potencialidades que generen mayor valor añadido al medio rural. En Galicia, un claro ejemplo es el sector forestal. Un tercio del bosque está abandonado y es improductivo para las industrias transformadoras de pasta y de papel. La estructura minifundista de la tierra, uno de los males endémicos de Galicia, impide crear explotaciones que sean económicamente viables. Medio Rural ha creado unidades de gestión mediante las cuales los dueños de los terrenos pueden juntar sus propiedades para ganar tamaño de negocio. Otro ejemplo son las energías renovables: los habitantes del rural gallego no han sabido sacar tajada de este suculento negocio. Los montes particulares o vecinales solo reciben el 1,5% de la renta que genera un aerogenerador.