El miedo al «efecto euro»

Juan Oliver

ECONOMÍA

Chipre y Malta se incorporaron ayer a los países que han adoptado la moneda única y lo hicieron con campañas para evitar que encarezca el coste de la vida

02 ene 2008 . Actualizado a las 11:24 h.

El nuevo Tratado de la UE no lo cita porque los países más euroescépticos recelan de su carácter simbólico, pero para la mayoría de los 317 millones de ciudadanos que lo usan a diario, el euro es también símbolo de subida de precios y pérdida de poder adquisitivo.

La moneda única cumplió ayer, 1 de enero, nueve años de vida, y ese mismo día entra en circulación en Chipre y Malta, los socios más pequeños de la UE, que elevaron a quince el número de Estados miembros adaptados a la divisa común. Alertados por la fama inflacionista que arrastra el cambio, ambos países han iniciado campañas por la estabilidad de precios para blindarse contra los efectos negativos del euro.

«Nueva moneda, el mismo precio», dice el eslogan elegido por el Gobierno maltés, distribuido en grandes carteles por todo el territorio de un país que tiene menos de 400.000 habitantes y poco más de 8.000 empresas. La mayoría se dedican a la importación, y más de 6.500 han firmado con el Gobierno un acuerdo para no encarecer sus productos y servicios.

Lo mismo sucede en Chipre, con una población de 800.000 personas y donde más de 7.100 empresas, bancos, comercios e importadores se han unido al Código de Precios Justos puesto en marcha en julio pasado, y por el que se comprometen a actuar limpiamente y no sacar ventajas del cambio de moneda. Las grandes superficies prometen redondear los precios a la baja, y un sindicato local ha empezado a enviar a los comercios a 400 falsos clientes que denunciarán cualquier encarecimiento sospechoso. Pero, aun así, nadie se fía: la mayoría de los chipriotas y malteses, según las encuestas, creen que el euro les traerá ventajas, pero también inflación.

Hay expertos que aseguran que la sensación generalizada en muchos países de la UE de que el coste de la vida ha subido desde que entró en vigor la nueva moneda tiene mucho que ver con la tasa de cambio que le ha tocado a cada socio. Eso explicaría los datos de los últimos eurobarómetros, que indican, por ejemplo, que la sensación inflacionista es mucho más baja en Portugal, donde un euro equivale a la redonda cifra de 200 escudos, que en España, donde la equivalencia es de 166,56 pesetas, o en Eslovenia, que entró en la Eurozona el 1 de enero del 2007 y donde un euro se cambia por 239,64 tólares. Españoles y eslovenos lo tienen más difícil que los portugueses para calcular la propina que deben dejar tras pagar un café en euros. Y es probable que a los chipriotas y malteses les pase lo mismo, porque sus tasas de cambio no invitan al cálculo mental rápido: un euro son 0,58 libras chipriotas y 0,43 liras maltesas, es decir, que una libra son 1,71 euros y una lira, 2,33. Para ayudar a la ciudadanía, el Gobierno chipriota ha repartido 300.000 calculadoras, y el maltés ha implementado una línea telefónica de ayuda, ha distribuido 40.000 kits de monedas y ha instalado en La Valeta, la capital, cincuenta puntos de información. En esas oficinas explican cómo manejarse día a día con el euro, y también sus ventajas, entre las que destaca que la eurozona es una de las economías más pujantes y dinámicas del planeta.