Acudir al ambulatorio de A Estrada, por paradójico que parezca, está contraindicado médicamente para muchos pacientes. Para los que padecen enfermedades reumáticas y para los que superan cierta edad, el acceso principal se convierte en una barrera casi infranqueable que solo se supera a base de sudor y de arrimarse al pasamanos. El centro médico está situado en la cuesta de la Avenida de Santiago. La acera de la calle y la puerta de entrada al edificio -situada en la segunda planta del edificio- están separadas por una sucesión de escalones que pone respeto a muchos usuarios e impide el acceso a las personas que se desplazan en silla de ruedas.
Ninguna rampa a la vista permite evitar la escalada. Es cierto que hay un ascensor interno al que se accede desde la planta baja, en la zona de rehabilitación. Pero no está señalizado y apenas unos pocos usuarios saben de su existencia.
Una vez en el interior del centro médico, la situación no mejora demasiado. La única rampa instalada solo cubre tres escalones y su excesiva pendiente la hace poco practicable.
El problema se ha intensificado esta semana. Ayer se quemó el motor del ascensor que comunica las distintas plantas del edificio. Hasta dentro de dos o tres días puede que no vuelva a estar activo. Entretanto, quienes no caminen con soltura tendrán que buscar ayuda para acudir al médico.
El ascensor, por otra parte, también tiene sus defectos. No tiene capacidad suficiente para acoger camillas, por ejemplo.
El edificio podría estar mejor pensado. Quizás el nuevo que está prometido. Que no tarde.