El ariete, ovacionado por su antigua hinchada al saltar el campo, acerca al Madrid a cuartos
23 feb 2011 . Actualizado a las 13:06 h.Tuvo que ser Benzemá. El francés volvió a casa para lograr que el Real Madrid parta por fin con ventaja en la vuelta de un cruce de octavos. Un escenario que pocos habrían esperado viendo el arranque del choque de Gerland, en el que los de Mourinho amenazaron con repetir su historia de siempre en feudo del Lyon. El descanso impulsó a los visitantes y Karin dio el empujón definitivo, apuntalando su condición de hombre gol en la Champions. Capaz de redimir la perenne apatía devolviendo la ilusión a un equipo que arrancó lleno de dudas.
El dibujo local le hizo a los blancos un nudo en la garganta. Ramos pagó la ausencia de Lisandro en el once rival. Puel metió a Delgado como reemplazo de su compatriota y a los diez minutos la cuenta del lateral diestro del Madrid ya tenía apuntada una amarilla por derribar al habilidoso argentino. El técnico local entendió que el filón estaba en esa banda y hacia allí envió a Bastos para que el brasileño abusara del de Camas. El movimiento obligó a la habitual exhibición física de Di María en las ayudas defensivas.
Su carrera más importante le llevó de un área a otra para frenar una rapidísima contra del Lyon, la acción más peligrosa de la primera parte. Forzó el centro lejano de Bastos, que no debería haber dado mayores problemas, pero Casillas se tragó el bote. De inmediato minimizó su error el meta, que desvió con el codo y desde el suelo el chut de Gomis, solo en la frontal.
Fue la única ocasión en la que el conjunto de Gerland recurrió a la contra antes del descanso. Puel evitó atrincherar a los suyos y quiso alejar lo más posible al Madrid de la meta de Lloris. La estrategia funcionó durante 45 minutos y el equipo más rematador de la Champions solo chutó un par de veces, sin peligro alguno. Lovren avisó de su prometedor futuro como central y anuló a Adebayor mientras Cris se dedicaba a la tarea propia de un veterano al que pesan los años: marcar el territorio.
Tampoco es que el Lyon metiera miedo en ataque, pero llegó al descanso con el choque controlado. Una sensación que cambió por completo en el arranque mismo de la segunda parte.
Una reanudación inaugurada con dos buenas noticias para los de Mou. Bastos pisó a Di María y se ganó una tarjeta que vetará su entrada al Bernabéu y la falta, en un lateral del área, la estrelló Cristiano en el palo opuesto. Un aviso que achicó a los de casa y tuvo continuidad inmediata en un saque de esquina en el que Ramos cabeceó al larguero.
Cambio clave
Los galos tardaron un tiempo en sacudirse al rival y para cuando lo consiguieron, Mourinho introdujo un cambio definitivo. Sentó a Adebayor, inocuo, y permitió a Benzemá recibir la ovación de su vieja hinchada.
Aplausos que el ariete francés retribuyó de inmediato. Llevaba unos segundos sobre el campo cuando robó un balón que dejó en los pies de Özil. El alemán devolvió la bola para que Karim recorriera de lado a lado y sin estorbo el área de sus excompañeros. Cuando se hartó de conducir la pelota, la colocó entre las piernas de Lloris. Un tanto para desterrar maldiciones y dejar encarrilado, por primera vez en los últimos siete años, un cruce de octavos.
El Lyon no dio muestras de poder reaccionar al gol visitante y el partido continuó plácido para el Real Madrid, que aún se permitió desperdiciar un par de claras contras, emborronadas con malas elecciones en el pase. Tampoco las primeras decisiones de Puel en busca de un revulsivo tuvieron mayor efecto y ni Pied ni Briand ofrecieron mayores recursos que los persistentes balones colgados.
Sí trajo novedades el ingreso de Pjanic, relegado en su equipo por una de esas eternas promesas como Gourcuff. La pelota volvió a pies franceses, que tocaron con criterio pese a las prisas, pero fue un nuevo centro al área el que devolvió la emoción a la eliminatoria. Gomis cazó la bola y acertó con la portería de Casillas para prolongar esa turbia relación blanca con Gerland, por mucho que Benzemá se empeñe en arreglarla.