España se deja ganar el Europeo sub-19

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez A CORUÑA/LA VOZ.

DEPORTES

Tras una primera parte en la que apabulló a Francia y se adelantó en el marcador, acabó perdiendo

31 jul 2010 . Actualizado a las 03:02 h.

Francia, es decir, la mitad de aquella Francia que cayó a los pies de España en la Eurocopa sub-17 de Turquía 2008, se tomó gélida venganza y se llevó el cetro continental sub-19, como injusto premio a su fútbol temeroso y de contragolpe, frente a la propuesta hispana, calco de la absoluta campeona mundial. Quién sabe si los bleus jugaron ayer con las esperanzas españolas en el Mundial de Brasil 2014 o incluso en el posterior.

Caen asistió al duelo de los dos mejores equipos del torneo. Francia, máxima goleadora, había dado señales de debilidad en la fase de grupos contra Inglaterra y arrancaba lastrada por el recuerdo turco. España practicó un fútbol sin fisuras reforzada por aquella final sub-17 y, en el imaginario popular, el campeonato mundial absoluto.

Los de Luis Milla (de los gallegos, Thiago y Rodrigo en el once inicial; Hugo Mallo no jugó) renegaron del fútbol túzaro y demostraron tener afincado en el alma un modus operandi con el que generaban peligro saliendo desde el área propia y con tres toques por futbolista como máximo. La agilidad de este fútbol lo convierte en vistoso, efectivo, inalcanzable, demoledor.

En estos momentos, Francia no presionó porque nunca tuvo cerca el balón. Alguien dijo que al fútbol juega el que posee el cuero. El otro, solamente mira. Francia cambió de táctica y pasó del acordeón al autobús. A pesar de ello, España ganaba desde el minuto diecisiete gracias al engranaje milimétrico entre Pacheco y Rodrigo, que traducía en gol un balón que venía marcado por un pase inverosímil. Acciones de ese pelaje fueron incontables. Llegó el descanso con España besando su quinta Eurocopa sub-19.

Pulido y Bartra eran el punto de inicio de las jugadas de ataque, versión extendida. Thiago, la alternativa comprimida. Keko, Pacheco y Rodrigo, migrañas para los defensas galos.

Todo se diluyó a los cuatro minutos de la segunda parte. A España se le escapó la tortuga. La primera vez, en ese fatídico 49. Sunu aprovechó una jugada de ataque española para culminar un perfecto contragolpe aliñado con un desajuste defensivo.

Intermedio destructor

A partir de entonces, la perturbación de una España que lo había hecho todo para ser campeona, salvo apuntillar el partido. El encuentro perdió sus ocasiones de gol. Francia dio un paso adelante y salió ganando con la injusticia que había cometido Sunu. La incertidumbre controlada española mudó en graves imprecisiones y pérdida de identidad. No era la segunda parte, era otro partido.

Con el empate a uno y Luis Milla socavado en su desesperación, la grada del Michel d'Ornano hacía la ola. Indicio de que algo no marchaba como era de esperar. España se dejó domar por Francia, cuyo mérito se resumía a mantener el tipo.

Así se gastó toda la segunda parte, con alarmantes signos decadentes en el fútbol español y ninguno esperanzador en el francés. Con todo, los bleus demostraron haber encontrado la aguja de marear a su rival y dieron una pista con una contra que remató Tafer y desbarató Álex en el minuto ochenta. Antes, Muniain había entrado por Keko, Rochina por Rodrigo y Ezequiel por Pulido, pero para nada.

Los minutos de la basura fueron los de la gloria azul y en otro contragolpe con colaboración hispana, Bakambu hizo lo que quiso con Planas y Montoya, y acabó marcando Lacazette. Todos los intentos posteriores en los cinco minutos que quedaban fueron en vano.