El caso del guardameta alemán Enke es el último pero no el único de un deportista aquejado de una enfermedad que, en su grado extremo, lleva con frecuencia al suicidio
16 nov 2009 . Actualizado a las 21:48 h.Robert Enke: treinta y dos años, guardameta internacional con la selección alemana de fútbol. José María Chava Jiménez: treinta y dos años, ciclista campeón de España. Ricky Berry: veinticinco años, baloncestista de la NBA e internacional con Estados Unidos.
La depresión les cortó de raíz su brillante trayectoria profesional. Y, lo que es más grave, su vida, elevando al máximo exponente su traducción del latin: derribado. Enke, a cuyo funeral asistieron ayer más de cuarenta mil personas, fue el último derrotado en el partido librado contra una enfermedad que afecta al veinte por ciento de la población y de la que no están exentos los deportistas.
Ha pasado mucho tiempo desde que el astro futbolístico brasileño de la década de los sesenta Mané Garrincha, apodado «la alegría del pueblo», hizo saltar las alarmas con su fallecimiento a los cuarenta y nueve años víctima de la depresión y la bebida. Pero, en realidad, no ha cambiado demasiado en la crueldad de los efectos de una dolencia implacable.
Al hilo del suicidio de Enke esta semana, varios han sido los deportistas que han recordado experiencias parecidas. Todos experimentaron un trágico punto de inicio en su decadencia, vinculado con el deporte (presión del entorno, responsabilidades, fracasos o lesiones...) o con la vida privada (problemas familiares, adicciones, fallecimientos de personas cercanas...).
Otro futbolista internacional alemán, Sebastian Deisler, presentó ahora el libro De regreso a la vida , donde cuenta cómo dio por zanjada su carrera con 27 años debido al síndrome de la infelicidad.
Otros eligieron publicar sus malos recuerdos en los medios de comunicación. El delantero brasileño Adriano, que abandonó el Inter de Milán italiano y el fútbol por la misma causa, pide ahora, recuperado y con la camiseta del Flamengo, que los deportistas con problemas, como el alcoholismo en su caso, «tengan cuidado y busquen orientación para evitar desenlaces trágicos como la muerte de Enke». «Ya pasé por eso y tuve problemas con el alcohol. Comencé a beber como refugio porque no conseguía dormir. Olvidaba la responsabilidad que tenía», añadió.
Algo parecido explican las tenistas Jennifer Capriati y Jelena Dokic. La estadounidense dejó el deporte profesional a los 28 años sin poder superar sus lesiones en los hombros, y con una carga depresiva sobre ellos que le llevó a varios intentos de quitarse la vida. «El suicido no es una solución, aún tengo los medios para seguir adelante y hallar el camino correcto», dice ahora. La australiana de origen serbio desveló que las depresiones que le obligaron a dejar a un lado la raqueta estaban vinculadas a los abusos de su padre. En este caso, agradeció al tenis su contribución a su recuperación: «He estado en el infierno y he vuelto. Es un milagro».
El también ex tenista André Agassi aseguró hace pocos días que consumía drogas durante su etapa en activo. Añadió con posterioridad que lo hizo como vía de escape a sus problemas mentales. «Necesitaba ayuda cuando me dopé», matizó.
Inexplicable hasta la muerte
Ningún deporte está exento de la enfermedad del abatimiento. La estrella del críquet inglés Marcus Trescothick reconoció haber escondido durante años su dolencia. «Ni yo mismo entendía por qué estaba tan mal. ¿Como habría podido explicar algo que ni yo entendía?», se pregunta.
La velocista francesa de 200 y 400 metros Marie-José Perec, ganadora de tres medallas de oro olímpicas en Barcelona y Atlanta, renunció a participar en Sídney solo unos días antes del comienzo de la competición, debido a la misma alteración mental.
El hijo del ex futbolista inglés Paul Gascoigne, de solo trece años, llamó la atención sobre el estado de su padre, del que dice que «lleva tres años sumido en la depresión y el alcoholismo» y que «morirá pronto».
Ellos fueron los más afortunados, los que consiguieron salir del pozo depresivo. Otros no corrieron la misma suerte y se quedaron en el intento. Entre otros, los ciclistas Marco Pantani, Luis Ocaña y Agustín Sagasti; el boxeador José Manuel Urtain; los futbolistas Alberto Vivalda, Luis Ibarra, Mirko Saric, Sergio Schulmeister y el árbitro Fabián Madorrán.