Más de cien mil personas jalearon al Barcelona en su recorrido de ocho kilómetros por la ciudad
29 may 2009 . Actualizado a las 12:22 h.Decenas de miles de barceloneses (según algunas fuentes, la cifra acumulada alcanzó los 750.000) tomaron las calles de la capital catalana desde primera hora de la tarde de ayer para recibir al Barça del triplete, el equipo que se coronó en Roma como vencedor de la Liga de Campeones, cerrando una temporada histórica en la que también ha sumado los títulos de Liga y Copa. La plantilla azulgrana, que aterrizó en El Prat a las seis de la tarde, recorrió las calles de la ciudad en un autobús descapotable, en cuyo piso inferior iba cómoda y confortablemente instalada la ansiada Copa de Europa.
Flanqueada por numerosas unidades de la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra, arrancó una caravana interminable que terminó su trayecto en el Camp Nou, donde por la noche se celebró una fiesta con los aficionados para celebrar los tres títulos conseguidos durante esta campaña.
Un reguero de personas se echaron a las principales calles de la ciudad, desde el puerto de Barcelona hasta las inmediaciones del estadio, que casi registraba el lleno horas antes de que llegara el equipo. Banderas colgadas de los balcones, miles de personas con bufandas y otros distintivos azulgranas apostadas en las aceras jalearon a los jugadores del Barça al paso de la caravana, que empezó en la plaza de las Drassanes y pasó por el paseo de Colón, vía Laietana, Pelayo y Fontanella, la ronda Universidad, las calles Aribau, Urgell y Córcega, la avenida de Sarrià y la travessera de les Corts, ante de llegar al Camp Nou.
«Copa, Liga y Champions»
Vestidos con una camiseta azul en la que podía leerse «Copa, Liga y Champions», los jugadores del Barcelona se lo pasaron en grande encima del descapotable. Como ya es habitual, Piqué ejerció de animador de la fiesta, arengando a los aficionados a entonar sus cánticos y rociando con cerveza y cava a todos sus compañeros. Otro de los que disfrutaba como un niño era Dani Alves, ataviado con la clásica barretina catalana, no paraba de saludar a diestro y siniestro, abrazarse con todos y regalar su sonrisa. Algunos, como Pinto, preferían grabar los mejores momentos en vídeo. Iniesta dejó a un lado su timidez. Valdés se abrazaba al joven Muniesa, que no podía creerse lo que estaba viendo, y Eto'o disfrutaba de lo lindo junto a Henry, mientras que Messi lucía divertido un gorro de la Guardia Urbana que le había pedido prestado a uno de los agentes.
En medio de toda esta locura, Guardiola se mantenía, con una sonrisa en los labios, en un discreto segundo plano, siempre al lado de su inseparable Manel Estiarte, mojado de arriba a bajo por culpa de alguno de los líquidos alcohólicos que Piqué no paraba de verter encima de todo el que se cruzaba en su camino.
En algunos tramos del recorrido, los aficionados incluso lograron romper el cordón policial para correr al lado del autocar mientras intentaban mantener fugaces y emotivas conversaciones con los jugadores. Los más osados treparon a las farolas, se subieron a los tejados de los edificios o se encaramaron a monumentos como el de Colón para tener una visión única del espectáculo.
Los gritos de «Visca el Barça i Visca Catalunya» y «Campeones, campeones» no cesaron de resonar durante todo el recorrido de la caravana hasta que alcanzó su destino. El Camp Nou fue el mejor escenario para el fin de fiesta culé.