La vida deportiva de la atleta lucense está marcada por el cambio de federación y la discriminación
27 abr 2009 . Actualizado a las 18:57 h.Es la heredera de una estirpe de fondista que a lo largo del tiempo ha dado Galicia en el atletismo femenino. El eslabón a medio camino entre la generación de Xulia Vaquero y María Abel y el que viene con Marta Fernández y Sandra Mosquera. Alessandra Aguilar Morán (Lugo, 1978) nació para el cros, para correr como pocos (en Europa) entre el barro y la hierba. También despuntó en la pista, en los 5.000 y los 10.000 metros que siempre han sido caldo de cultivo de los sin techo, pero el maratón no aparecía en la hoja de ruta de una joven que creció embutida en la camiseta del Lucus en croses y populares. En edad promesa le tentó la pista y presentó sus credenciales alcanzando los récords de 5.000 y 10.000 metros que todavía hoy siguen vigentes.
Sandra representan también la cara de la emigración. Un buen día cambió Galicia por Castilla La Mancha, cambió de federación denunciando que en su tierra le faltaban las ayudas que existen en otros lugares.
Asimismo vivió la discriminación en primera persona. Un buen día decidió romper por Luis Miguel Landa, el responsable del fondo español, y como represalia se quedó sin un Mundial de cros, pese a que en ambas acreditó mejor marca y puesto que alguna de las convocadas.
Pero ninguno de estos dos aspectos le hicieron desistir. Todo lo contrario. De la mano de Fernando Lozano y con la ayuda de su federación de adopción, fue quemando etapas siempre entre las mejores a nivel español. Una fija en todos los mundiales de cros, hasta que el año pasado, y casi por sorpresa, decidió dar el salto al maratón. No se le esperaban tan pronto, pero Sandra decidió mostrarse en Róterdam. Allí debutó con la marca mínima para los Juegos y en Pekín entabló una eterna amistad con Chema Martínez. El cicerone perfecto para consolidar a la lucense en la distancia. Tiene condiciones físicas y mentales para convertirse en la referencia femenina.