Teresa Portela será la primera mujer gallega que compita en tres Juegos

DEPORTES

20 may 2008 . Actualizado a las 02:26 h.

Como Marco Polo. Desde Italia ha llegado a China. Aunque todavía no ha pisado el gigante oriental. Teresa Portela aterrizó ayer en el aeropuerto de Peinador procedente de Milán con una medalla de bronce al cuello, la número 27 de su cosecha de Mundiales y Europeos. Y con el billete a Pekín escrito en su cara. Será la primera mujer gallega que afronte tres Juegos Olímpicos. Asume su hazaña con naturalidad, sin tirar de la autocomplacencia. «Hasta ahora no había pensado en ello, estaba concentrada en la clasificación. De China no conozco nada. Cero. ¡Madre de Dios, solo pensar en el avión! No tengo ni idea de cuántas horas tendré que volar. No quiero ni saberlo. Llevo muy mal lo del avión. Pero, claro, no voy a ir nadando o remando», dice entre risas.

Portela, un producto de la factoría de Aldán como David Cal y Carlos Pérez Rial, recuerda con cariño su estreno olímpico, un debut sin exigencias que le permitió vivir de otra forma los Juegos. «A Sídney 2000 fui sin ninguna presión. Tenía 18 años. Fui a disfrutar de los Juegos. Estuve en la villa olímpica, con gente que me quedaba muy grande», explica. Compitió en K-1 500 metros y llegó a las semifinales.

Atenas ya fue otra cosa. Habían pasado cuatro años y a Portela ya se le pedían resultados. «Fue diferente. Tenía que centrarme en la competición. Y, de hecho, ni siquiera nos alojamos en la villa olímpica, donde solo estuvimos un día o dos. Iba con otra mentalidad, la de intentar conseguir una medalla en K-2 y K-4», dice. Acabó en la quinta plaza y se llevó dos diplomas olímpicos.

Lamenta que la pista de piragüismo suela estar alejada del centro neurálgico de los Juegos. «En ese sentido, no vives el ambiente olímpico, estás en un hotel como si compitieras en un Europeo o un Mundial», señala. Otra espinita olímpica de Portela es no haber estado en ninguna ceremonia inaugural. «Dicen que es muy emocionante, pero yo no lo sé. Solo lo he visto por la tele, sentada en el sofá, como cualquiera», apunta.

Confiesa que nunca ha tenido un ídolo. Ni en el piragüismo ni en otros deportes. «Simplemente admiro a todo deportista de élite que está ahí arriba, que triunfa en unos Juegos, porque sé el sacrificio que hay detrás, que no es cuestión de suerte, que eso cuesta mucho», indica.

Sueña con otra medalla

En Pekín competirá con el K-4 de Sonia Molanes, Beatriz Manchón y Jana Smidakova, el barco que ganó el bronce en el Europeo de Milán. «Nuestro sueño ahora es la medalla olímpica, pero los Juegos no van a tener nada que ver con el Europeo. Allí estarán también las chinas, las australianas y las canadienses», admite.

También remará en K-1, prueba en la que se quedó a las puertas de la final continental. «Estoy contenta, porque de todo se aprende y en el K-1 a mí me falta experiencia en competición. No sé qué margen de mejora tengo. Habrá que seguir entrenando para arañarle al cronómetros todo lo que se pueda», reconoce.

A pesar de la satisfacción del deber cumplido, Portela cree que el pasaporte a Pekín «no compensa totalmente todo lo pasado», porque ese éxito «no borrará los últimos años, que han sido muy duros». Pero ahora prefiere pasar página y pensar en un destino lejano: Pekín. «En los próximos meses, me centraré totalmente en los Juegos. Hay que ir a por todas. Y a ver qué pasa... », señala. Porque quiere ampliar su colección de medallas. Y, si puede ser, darle un toque olímpico.