El Valencia estuvo a punto de estropear la dinámica ascendente del Deportivo y, aunque evitó la tercera victoria consecutiva (2-2), sufrió para dominar a un conjunto coruñés que casi remonta tras ir cayendo por dos a cero. El duelo fue muy intenso en la primera parte y demasiado flojo en la segunda. El Dépor continúa fuera del descenso gracias a la derrota del Recreativo ante el Mallorca. Arizmendi, muy motivado, cuajó un buen partido, sobre todo en la primera parte.
El Valencia salió con la guillotina y el Deportivo con la tranquilidad del resultado de Palma. Se saltaron los preliminares, cada uno buscando la portería rival a su manera. El cuadro local, abriendo el campo, fórmula lógica contra la defensa de cinco. El Dépor, a la contra y a balón parado. El acierto en la decisión de uno y otro quedó patente en menos de media hora. Koeman solo tuvo que rectificar el planteamiento inicial y olvidarse de acumular futbolistas en el mediocampo para pegarlos a la banda.
Con ese dibujo, Arizmendi fue el capo y una jugada armada desde atrás y conducida por el ex deportivista dio con el gol de Mata. Ocho minutos más tarde, a los veinticuatro, el madrileño se coló por el agujero que era la banda izquierda deportivista y sirvió a Villa. Avisaba Lotina un día antes que repetir errores era de mediocres. Estaba todo dicho. El único bagaje blanquiazul, un libre directo de Filipe que obligó a Hildebrand a estirarse.
El Valencia siguió aplastando al Dépor contra Aouate. Demasiada desigualdad. Hasta que la pizarra de Lotina reclamó su protagonismo. Filipe toca un libre indirecto para Sergio y este cuela desde la frontal una vaselina que puso en entredicho a Hildebrand y la defensa che. Era el treinta y siete, y no se trataba del qué, sino del inocente cómo. El dominio local parecía no haber servido de nada, y el Valencia tenía alma de derrotado. El Dépor aprovechó la debilidad anímica levantina y se empeñó en la resurrección. Lafita finalizó con su tercer tanto en tres partidos un contragolpe de Wilhelmsson. Había dado la vuelta a un partido perdido. Llegó el descanso con el convencimiento de la segunda remontada consecutiva.
Cambió el método en la reanudación el equipo che y probó manoseando la pelota y entrando por el centro. Fácil para el Deportivo, que prefirió quedarse a velas vir. Es decir, el contraataque. Los saques de esquina eran otra opción válida. El Valencia perdió el centro del campo, jugaba lento y acusaba el esfuerzo físico. Nadie asumía la responsabilidad y todo ello facilitaba las cosas al cuadro coruñés, que supo recobrar el orden. Lotina reforzó el músculo y dio entrada a Juan Rodríguez por Lafita. Los coruñeses incluso tuvieron sus oportunidades en el ecuador de la segunda mitad ante un rival desdibujado.
Cuando el cuadro che estaba tocando fondo, Koeman hizo un doble cambio y dio entrada a Vicente y Joaquín, por Silva y Miguel. Lotina respondió dando entrada a Riki por Xisco. Las intenciones eran claras. Mestalla presionaba y el Deportivo se daba por satisfecho. Ayer pretendía cumplir lo que viene repitiendo desde el principio de Liga: si no se puede ganar, hay que saber empatar.
A partir de aquí, el Dépor mató el partido y el Valencia se desinfló de tal manera que el fútbol pasó a segundo plano y el marcador se llevaba todo el protagonismo. Con la salida de Sergio por Antonio Tomás, el técnico coruñés dio descanso a todos los que llegaron al partido con problemas físicos. Solo una jugada aislada podría decidir el encuentro . No llegó. Al Deportivo le espera ahora el Real Madrid.