Saad Kaiche llegó a Lugo el pasado verano con la intención de hacerse un hueco en el baloncesto profesional. Con 2,29 metros de estatura, el argelino se encuentra a gusto en España, pero debe hacer frente a los problemas que su tamaño le plantea a diario.
19 ene 2008 . Actualizado a las 21:33 h.Su irrupción en Lugo causó una gran expectación. Llegó de Ouledmansourm?sila, su pueblo natal en Argelia, para progresar como jugador de baloncesto. Pero, además de encontrarse con unas estructuras deportivas más profesionalizadas que en su país, el choque cultural que experimentó en España le impactó profundamente. Saad Kaiche, el gigante bonachón de 2,29 metros de altura, aterrizó en Galicia casi con lo puesto. Anicet Lavodrama lo recomendó al Breogán y, desde que se trasladó durante el pasado verano, su adaptación al nuevo entorno ha sido constante.
Los primeros problemas que se topó, propiciados por su tamaño, fueron dos. No había ninguna cama en la ciudad que se adaptase a su estatura y, con un pie de la talla 62, no fue tarea sencilla encontrar calzado adecuado para él. Llegó a Galicia con un par de zapatillas de deporte muy gastadas. Las utilizaba para pasear, entrenar, visitar lugares que le llamaban la atención, desplazarse... Pero las dos cuestiones se solucionaron con presteza.
Para que no le colgasen las piernas a la hora de echar una cabezada, fueron colocadas a su disposición dos camas, formando una T que abarcara toda su altura. Ahora ya no duerme de este modo en el piso que comparte con sus compañeros de equipo Miguel Ángel Martínez y José Luis Otero.
En cuanto al calzado, Devin Davis, jugador del Breogán, consiguió otras botas a través de un amigo que juega en la NBA. Los agentes del argelino en Estados Unidos le enviaron otro par de zapatillas de entrenamiento, más uno de paseo. Además, su armario se ha rellenado durante sus primeros meses en Lugo. Saad arribó a la ciudad amurallada con escasez de ropa. Pero las donaciones de Roberto Dueñas, ex jugador del Barcelona, y la ayuda de la marca que viste al Breogán han paliado esa carencia.
Entrar en un vehículo es otra de las odiseas que Saad ha de afrontar a diario. Suele desplazarse a pie o en autobús urbano (presume con orgullo de poseer un bonobús). Pero a la hora de entrar en un turismo, las cosas se complican. La posición que ha de adoptar Kaiche no es la más ergonómica.
Más problemas padece a la hora de subirse al autobús que desplaza a su equipo para disputar los partidos. Los cinco asientos traseros ya están reservados para él, porque en ningún otro lugar caben sus piernas. «Después de un viaje largo, llega machacado al destino», afirma Lisardo Gómez, su entrenador en el Estudiantes.
La tecnología
Saad Kaiche no pudo reprimir un gesto de sorpresa cuando conoció los avances en Internet y telefonía. En pocas semanas se hizo un experto en el manejo de la Red, en la que le encanta chatear y visitar páginas relacionadas con el baloncesto. Pero el teléfono móvil lo atrajo de una manera irresistible. En cuanto se hizo con uno, no ha podido abandonarlo. Uno de los mayores problemas que encuentra a la hora de manipular el aparato es que las teclas se vuelven diminutas a la hora de pulsarlas con sus grandes dedos. No es difícil que dos o más botones sean oprimidos al mismo tiempo por Kaiche.
La altura de Saad es estupenda a la hora de desenvolverse dentro de una cancha de baloncesto, pero en la vida ordinaria genera algunos problemas. No es difícil que el argelino se despiste cuando atraviesa una puerta y se golpee con la cabeza en el marco. Y, al recordarlo, a Kaiche se le escapa una mueca de dolor.
El idioma es otra de las barreras que el jugador argelino se topó al llegar a España. Después de cinco meses en Lugo, casi entiende cualquier cosa, pero Hasán Azargui, su inseparable amigo e intérprete, le echa una mano a la hora de expresarse.
Y como buen recién llegado a la cultura occidental, ya va comprendiendo el mal del estrés. Musulmán y profundamente religioso, los continuos entrenamientos han provocado que tenga que planificar el día en función de las cinco veces que debe rezar.