«Estamos tan a gusto en la serie como si fuésemos cuesta abajo»

CULTURA

Los actores Iago García y María Tasende hablan de su trabajo en «Matalobos», último estreno de Voz Audiovisual

16 abr 2009 . Actualizado a las 18:08 h.

Son los dos nuevos personajes de moda de la pantalla gallega: el estreno de la serie policíaca Matalobos, el lunes y el martes pasado en TVG, con un share superior al 24 por ciento, ha convertido a a Iago García y a María Tasende en dos rostros que ya empiezan a ser familiares entre los televidentes. A partir de ahora son Marcos Matalobos, el policía que trata de llevar a la cárcel a su propio hermano, jefe de un clan de narcotraficantes que antes se dedicaban al contrabando de tabaco, y Sara Campos, la abogada que siempre intentó huir de un mundo en el que está metido su padre, también hombre de leyes ahora en la cárcel, y a la que las circunstancias le obligan a moverse en esos terrenos pantanosos en los que se desliza como pez en el agua Carmelo Matalobos, personaje encarnado por Luis Iglesia y que completa el triángulo argumental más genérico de la serie.

El otro protagonista de esta serie producida por Voz Audiovisual es, sin duda, el área metropolitana de A Coruña, en especial las localidades de Mera, Santa Cruz y Santa Cristina que, junto a otros enclaves de Cambre, Sada, Carral, Culleredo y Arteixo, forman un único escenario bautizado en la ficción como Sardiñeira. De ahí que Iago-Marcos y María-Sara aceptasen encantados la oportunidad de reunirse para la sesión fotográfica organizada por Fugas ante el restaurante la Casa del Argentino, que en Matalobos cumple las funciones de Sociedade Recreativa de Sardiñeira, gracias a los milagros del plató, y en el cercano Faro de Mera al que, debido a la intensidad del trabajo que han desarrollado en las últimas semanas, no habían tenido ocasión de acercarse. Es su día libre de la semana, uno de los pocos de los que han disfrutado en los tres últimos meses, en los que prácticamente ya han grabado los 22 capítulos de la primera temporada. Pero no se los nota cansados.

Y allí, con las olas rompiendo al fondo, en el Seixo Branco, es donde Iago García (Ferrol, 1979) recuerda que uno de los principales activos de Matalobos es el peso que tiene el rodaje en exteriores, una circunstancia que, en su opinión, le da a la serie mayor credibilidad, por la cercanía con respecto al espectador, y un empaque que falta en otras historias televisivas en las que el plató es prácticamente el único recurso. En realidad, Iago cree que el gran valor de Matalobos es esa proximidad que guionistas, dirección y actores intentan imprimirle a través de distintos caminos: desde el uso de la cámara al hombro o de la steady-cam, que crea un movimiento muy suave y les da ritmo a las secuencias, pasando por los citados escenarios, reconocibles por los televidentes, hasta las relaciones interpersonales de la rutina cotidiana de los protagonistas, en las que muchos pueden sentirse identificados, o la huida del tratamiento políticamente correcto de algunos asuntos, como el consumo explícito de drogas, que están presentes en la vida real y que muchas veces desaparecen como por arte de magia en la televisión. María Tasende (Carballo, 1977) abunda sobre la cuestión: «No tendría sentido en una serie policíaca, con el narcotráfico de fondo, evitar la escena de una mujer consumiendo cocaína, aunque en todo caso quede claro, a través del propio personaje, que este hábito es muy perjudicial para la salud». Y apunta Iago: «La realidad ficticia no vale, hay que desnudar al personaje». El actor ferrolano recuerda que trabajó en una serie emitida por Antena 3, 700 euros, en la que cuando el guión pedía una escena de consumo explícito de drogas se buscaba algún recurso para evitarla. «Son cosas que no te hacen sentir totalmente a gusto con el trabajo que estás haciendo y con tu papel».

Elogio a los guionistas

En este sentido, el propio Iago, que pese a su juventud ya cuenta con una intensa carrera como actor, especialmente con su participación en 66 episodios de Amar en tiempos revueltos, reconoce que se encuentra muy cómodo en su papel de Marcos Matalobos, un personaje que él define como «un moralista que busca un ajuste de cuentas» con su familia «en la que el fin siempre importa más que los medios y frente a la que Marcos se comporta de una forma especialmente severa». Pero, por encima del rol que desempeña en la serie, para el que tuvo que recibir asesoramiento específico de la Guardia Civil (utilización correcta de un arma, rutinas que se siguen a la hora de practicar una detención...) Iago, que en su vida particular combina dos aficiones a simple vista tan dispares como la música de jazz y la práctica de las artes marciales, elogia la labor de unos guionistas que le permiten trabajar «cuesta abajo» o, lo que es lo mismo, con una idea muy clara de quién es su personaje, de dónde viene y adónde va, sin los sobresaltos que sufren los actores de muchas series en las que el guión se reescribe prácticamente de un capítulo para otro. «En el mundo de la televisión se graba con una celeridad brutal y esto puede influir negativamente en los productos. En esta primera temporada hay una presentación de personajes, que sufrirán cambios y vivirán sucesos importantes, a quienes las circunstancias les obligarán a tomar decisiones trascendentales, pero todo dentro de un perfil muy determinado». María Tasende, que escucha atenta las palabras de su compañero, asiente con rotundidad: «A mí me sucede lo mismo, Sara es una mujer que quiere llevar una vida tranquila, de esas que seguramente alguna vez dijo de esa agua no beberé, pero a quien las circunstancias obligan a adentrarse en asuntos con los que no contaba, por lo que deja de controlar las cosas del modo en que lo había hecho hasta ese momento», apunta esta actriz de método, que se marchó muy joven a Madrid para licenciarse primero en Empresariales y luego en Arte Dramático y en cuyo currículo figuran cursos de interpretación con Cristina Rota (2001-2005) y John Strasberg en Madrid y Nueva York. Su rostro le sonará al gran público por sus participaciones en Los Serrano, Aída o Padre Casares. Curiosamente, no es la primera vez que María da vida a un personaje con el nombre de Sara. Ya lo hizo en el cortometraje Bailad para mí, de Roberto Pérez Toledo, quien definió así su trabajo: «Con escasas líneas de texto y mucha aparición silenciosa, María regaló alma y profundidad a Sara. Su dolor está en su mirada perdida, en la visceralidad de sus lágrimas».

Devorando los guiones

Comienza a llover en Mera y el paisaje, de pronto, se torna inhóspito. «Este sería un buen lugar para que los mafiosos de Matalobos dejasen abandonado un cuerpo», bromea Iago García. Está de buen humor. Lo primero que ha hecho, al reencontrarse este día con María Tasende, es comentar los buenos datos del share del estreno. «¿Quién ha ganado la porra?», se preguntan en alusión a la apuesta informal que habían hecho entre los miembros del equipo. Saben que una audiencia superior al 24 por ciento, a la misma hora que se emiten series del éxito de CSI o Física y química, es todo un logro. Y confían en mantener esas cifras. «Si el argumento en las dos primeras entregas ha sido muy envolvente, el ritmo en las siguientes no va a decaer», asegura María Tasende. En este sentido, Iago recuerda que, desde las primeras semanas de rodaje, los miembros del equipo técnico preguntan constantemente por el guión de los siguientes capítulos, puesto que se encuentran intrigados por el argumento. «Yo mismo estoy a veces impaciente por recibir el libreto, ya que, aunque tengo una lectura general de mi personaje en toda la primera temporada, me van dando los guiones concretos de cada capítulo de una forma dosificada y cuando los tengo en mi poder, los devoro», asegura este tauro que comenzó su carrera en la figuración «doce horas en un escenario sintiendo la impotencia de no poder hacer prácticamente nada» y que reconoce que su principal característica vital es la testarudez. «Cuando consigues tu sueño paso a paso y entre medias disfrutas de mucha pobreza, la alegría que experimentas cuando se reconoce tu trabajo es indescriptible. Estoy muy contento».

La relación sentimental que ambos personajes tuvieron en el pasado, y que en esta primera temporada se roza de forma sutil (Sara Campos está casada y tiene un hijo), es otro de los atractivos argumentales de Matalobos, en la que hay diversas historias personales superpuestas y que estrena en las pantallas gallegas una fórmula novedosa probada con éxito en otros públicos: se trata de estructurar el argumento en dos capítulos seguidos, que se emiten en días consecutivos. De este modo, hay una trama general, que se va sucediendo a lo largo de toda la temporada, y otra más concreta, que se resuelve en esas dos entregas, como sucedió ya en el estreno de esta semana, que acabó con la detención del padre de Sara, abogado de los mafiosos, por colaborar con Carmelo Matalobos en el alijo de un cargamento de drogas. Un delito que incide en una de las teimas de los guionistas, a la que ya se ha referido María Tasende: las cosas no son siempre tan sencillas como parecen, a veces es fácil juzgar si no se conocen todas las circunstancias que rodean a un hecho. Algo que una persona jamás estaría dispuesta a hacer en un momento determinado puede tener su explicación.

Planes de futuro

Iago García y María Tasende están a punto ahora de hacer un alto en el intenso trabajo de las últimas semanas, a la espera de una más que posible segunda temporada de Matalobos. De momento, uno y otro tienen en mente viajar una temporada para desconectar del ajetreo. Pero con la mirada puesta en sus carreras profesionales. María con una película dirigida por Luis Avilés, que comenzará a rodarse en mayo, y Iago con una adaptación teatral de Conrad en Madrid. Pero confían en seguir siendo, durante mucho tiempo, Marcos Matalobos y Sara Campos.