El mar se embraveció en la tarde de ayer y una buena parte de la costa de la ciudad lo sufrió. Desde el dique de abrigo hasta todo el litoral que se llega al mismo puerto exterior, el oleaje hizo acto de presencia. Y fue con una enorme fortaleza. Además de la playa de Riazor, la parte más afectada por su efecto, otros tramos de la costa coruñesa vivieron escenas espectaculares y, en algunos casos, realmente peligrosas.
Adormideras, San Amaro o la torre de Hércules fueron azotadas por olas que llenaron la zona de curiosos. Estos también acudieron a las Esclavas, uno de los lugares habituales de fotógrafos y videoaficionados cuando arrecia el temporal. Pero esta vez el peligro se podía sentir con solo abrir los ojos. Varios de los bancos de piedra del parque fueron arrancados de cuajo por el mar. También numerosos adoquines, lo que dejaba ver que, por esta vez, no habría lugar para bromas ni para intrépidos en la zona. Por si acaso, la policía, que ya conoce el magnetismo que ese enclave guarda, precintó la zona ya a las cuatro y media de la tarde.
Al lado del colegio, en la parte trasera de la discoteca Green, un grupo de curiosos se juntaron desafiando el virulento efecto de las olas. Varias de las piedras que rodean el paseo fueron empujadas a la superficie por el oleaje, y al chocar, se fragmentaban en pedazos del tamaño de un puño que saltaban por los aires. Las también olas mojaban a los mirones. Pronto la policía vio signos de alarma en la situación y obligó a desalojar la zona, para precintarla unos minutos después.
Eran las seis y media y el mar parecía alcanzar allí su máximos. Coincidiendo con la marea alta, los vecinos bajaron en masa a la calle. Decían que no se recordaba un oleaje como ese en la zona. Se hablaba de ocho, de nueve y de diez metros de altura de las olas. «En la vida vi algo así», comentaba uno admirado. El color blanco de la espuma cubría completamente las rocas y los pedazos de piedra arrastrados cada vez lograban una mayor altura. Alcanzaban ya la carretera. En apenas unos minutos la policía obligó a a evacuar toda la acera que bordea el paseo en el tramo a la altura de la avenida de San Roque.
La prohibición se extendió hasta cerca del Millenium. Allí de desplazaron algunos vecinos con prismáticos. Podían contemplar una panorámica de la costa tan inédita como impresionante, mientras que al lado se formaban enormes ondas que se superponían a la imagen de la torre de Hércules y Monte Alto. Aunque el viento azotaba fuerte y el mar salpicaba, allí solo se precintaron los bajos. Poco después, el brío del océano descendió y la policía fue retirando paulatinamente todas las prohibiciones.
En paralelo a lo acontecido en A Coruña, en Mera, miembros de Protección Civil y de la Policía Local de Oleiros retiraron las lanchas pequeñas próximas al paseo marítimo ante el riesgo de que el mar las levantase.