MANUEL PORTELA ANÁLISIS
18 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La llamada sabiduría popular dice que hay una estrecha relación histórica entre los cortes de luz y la negociación de tarifas con las eléctricas. Los microcortes producen daño en la calidad de la vida cotidiana e impiden, entre otras cosas, la instalación de industrias alimenticias y de precisión. Y en realidad se deben a la falta de inversiones en la red de distribución, cuyo estándar de calidad es bajo porque, por un lado, se administra en régimen de monopolio (Madrid para Fenosa, Cataluña para Endesa, el Levante para Iberdrola, etcétera) y, por otro, no existe una regulación que sancione su incumplimiento. Las eléctricas saben que pueden presionar para renegociar precios diciendo que la certidumbre tarifaria es condición necesaria para animar las inversiones de las que depende el abastecimiento de electricidad. Lo deseable sería que la tarifa se fijara sobre los precios establecidos en el mercado de generación con los costes regulados de transporte y distribución, con métodos objetivos y transparentes. El sistema de regulación de tarifas sólo podrá ser compatible con la defensa de los intereses generales cuando la intervención del Gobierno y la autorregulación de las empresas sean sustituidas por el mercado o la regulación. Es decir cuando los precios sean ajenos a la voluntad de las partes.