Es hijo de padre siciliano y madre gallega. Trabaja en una compañía de seguros
10 nov 2009 . Actualizado a las 13:02 h.Nació en Suiza, pero vive en España, aunque tiene nacionalidad italiana. Además también habla alemán. Es hijo de la emigración. Su padre es siciliano y su madre de Salvaterra de Miño. Sus progenitores se conocieron en Zúrich. Así fue como la cigüeña trajo en esa ciudad helvética a Antonio di Pasquale Castro (34 años). De niño alternaba sus vacaciones entre Sicilia y Vigo. Pero, con el tiempo, prefirió las Rías Baixas que la patria chica de los Corleone para fijar su residencia. Lleva aquí nueve años, por lo que se considera uno de los nuestros, aunque asegura que nunca conoció a un mafioso. Lo curioso es que a más de uno le ha «asegurado» la vida, porque trabaja en una compañía de seguros.
Su padre emigró a Suiza a finales de la década de los sesenta. Pertenecía a una familia de ebanistas sicilianos, por lo que se fue, más que por un problema de dinero, para conocer mundo. Terminó de tornero en una empresa del metal, que tenía su sede en Zúrich. Fue ahí donde coincidió con su actual esposa, una gallega que trabajaba de cocinera para esa misma fábrica. Todavía siguen en tierras suizas, aunque tienen previsto retornar a Galicia.
Antonio di Pasquale, tras dejar los estudios, consiguió un empleo en una compañía de seguros, pero también trabajó para un banco. Estuvo a punto de triunfar en el fútbol, una carrera que se le presentaba prometedora, pero dice que la malogró por «las malas compañías» . «Pertenecía a la cantera del equipo del Zúrich. Pero tuve unos problemas físicos y, como tampoco llevaba una vida recomendable para ser un buen deportista, terminé dejándolo». Una pena, porque apuntaba buenas maneras. Fue considerado unos de los jóvenes talentos del fútbol suizo en su época. Jugaba de extremo izquierdo y tenía un buen olfato goleador. Se declara seguidor de la selección italiana, aunque prefiere que el próximo mundial lo gane España.
Su lengua materna es el alemán, porque se habla en la zona norte de la Confederación Helvética. «Tuve suerte para aprender lenguas. El italiano lo conocí por parte paterna y el castellano por mi madre, además del gallego».
Un buen día decidió hacer la maleta y venirse para la tierra de su madre. «A mí siempre me gustó pasar las vacaciones en Salvaterra de Miño. Pero sobre todo me encantaba la ciudad de Vigo y decidí venirme», afirma. «En Suiza practicaba esquí y disfrutaba de la nieve, pero prefiero las playas de aquí. Curiosamente, tengo la nacionalidad italiana, por mi padre», añade.
Su primer trabajo en Vigo también fue en una compañía de seguros. Estuvo tres años e hizo méritos para ascender. Incluso le prometieron un puesto importante. Pero llegado el momento no le cumplieron la promesa y se fue a otra compañía. Esta empresa fue a la quiebra y él volvió a Zúrich en el 2006. Y volvió a trabajar con los seguros, haciendo trámites para siniestros.
A los dos años, retornó a Vigo y de nuevo enfocó su trabajo con otra compañía (Pelayo) dedicada a gestionar seguros de todo tipo. «La crisis nos está afectando, porque la gente ya hace muy pocos seguros a todo riesgo. El que tenía dos coches, se quedó con uno y las pólizas sobre vehículos nuevos también disminuyeron», lamenta.