Hace tres décadas, el cine italiano perdía a uno de sus grandes maestros. Luchino Visconti plasmó su época como pocos en un puñado de obras maestras del neorrealismo, esa fructífera corriente que dominó el séptimo arte de la posguerra en su país. Su vida, como su filmografía, se caracterizó por un compromiso que a punto estuvo de costarle la vida a manos de los nazis