Los niños de Arna

Marta Miera SERVICIO ESPECIAL

INTERNACIONAL

M. M.

Reportaje | La vida en los territorios palestinos Un teatro para pequeños palestinos, creado por una judía en Yenín, resucita tras ser destruido en la intifada. Varios de sus actores se convirtieron en terroristas suicidas

17 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Nosotros resistiremos tanto como el pueblo palestino en su lucha por la libertad». Con estás palabras inicia Dro Feilan, un suizo israelí, la inauguración del Teatro Freedom (Libertad) en el campo de refugiados de Yenín, centro de batalla entre palestinos e israelíes durante la segunda intifada. Un centenar de personas, entre adultos y niños, de las 15.000 que residen en el campo de refugiados, escuchan con atención las palabras de los fundadores del teatro. Feilan, actor e inversor en el proyecto, continúa hablando: «Yenín y su gente simbolizan el verdadero espíritu de los seres humanos. Gente valiente y abierta a todo aquel que los trate como iguales. Los israelíes quieren romper con el intercambio cultural entre los palestinos, y nosotros lucharemos para que esto no ocurra. Sabemos que la mejor venganza es construir y no destruir, y eso es lo que vamos hacer». Entre una oleada de gritos y aplausos se oyen los nombres de Yusef, Nidal, Ashraf, Alá y Zacarías. Pero sobre todo se repite con fervor un mismo nombre, Arna. Judía y procedente de una familia sionista, Arna Mer se casó con Saliba Jamis, un palestino de Nazaret. Durante los años anteriores a la intifada, y después de que el Ejército israelí cerrase todas las escuelas de Yenín, esta mujer se trasladó junto con su hijo Juliano a este campo de refugiados para establecer un sistema de educación alternativo para los niños palestinos. Gracias a su esfuerzo, aquellos pequeños que lo habían perdido todo pudieron expresar cada día a través del teatro sus frustraciones, su ira, su amargura y sus miedos. Cambio de rumbo Aquello ocurrió en el año 1989, y cuatro años después Arna murió víctima de un cáncer. El descontento general de la población palestina con el Proceso de Oslo y el endurecimiento del control por parte de Israel sobre los territorios palestinos cambiaron el rumbo de las vidas de los niños de Arna. Los sueños de Yusef, Nidal, Ashraf, Ala y Zacarías acabaron por desvanecerse con el estallido de la segunda intifada. Ashraf y Alá murieron luchando en Yenín. Yusef y Nidal, en un ataque suicida en Israel. Sólo Zacarías Zubeidi, hoy jefe de las Brigadas de los Mártires de Al Aksa, continúa con vida. El teatro que representó durante un tiempo la libertad de los palestinos de Yenín quedó reducido a escombros por los bombardeos israelíes, junto a centenares de casas. Pero nadie pudo borrar el recuerdo de Arna, y su espíritu permaneció. Hoy el teatro vuelve a abrir sus puertas para la nueva generación de niños palestinos. «Conocí a Zacarías y me habló sobre la idea de abrir este teatro. Yo trabajaba como enfermero en el campo de refugiados. Hablé con Juliano, y entre todos dimos vida al proyecto», cuenta Jonatan, un sueco israelí de 27 años que realiza un estudio sobre el trauma que sufren los niños de Yenín. «Este proyecto no hubiese surgido sin Zacarías», asegura Juliano Jamis, hijo de Arna Mer. Juliano, que ha perdido su trabajo como director de teatro en Israel por su relación con los habitantes de Yenín y por el documental que rodó sobre la historia de sus alumnos, explica que su objetivo es conseguir que los niños adquieran una educación para que peleen por sus derechos y su libertad. «El teatro es una manera de abrir fronteras. Los líderes de la intifada que estudiaron conmigo y con mi madre lucharon por su libertad. Los palestinos son asociados con el terrorismo en Israel, pero es importante que la gente sepa que esas personas tenían nombre y apellido, una educación y una historia trágica tras de sí». El gusto de la libertad Aisha, de 13 años, quiere ser actriz de mayor. «El teatro me da libertad, puedo desarrollar mi talento y expresar cómo soy. Cuando estoy aquí siento la libertad en mi garganta. Quiero que cuentes fuera lo que está pasando aquí, para que sepáis cómo vivimos y para que la gente escuche sobre los crímenes que se están cometiendo». Entre los niños se encuentra Zubeidi con su inseparable fusil M-16. Sonríe y no puede disimular su alegría. «Hoy se vuelve a dar vida al trabajo de Arna. Para el mundo es algo pequeño, pero desde mis ojos es algo grande», asegura el líder de las Brigadas en un perfecto hebreo. «Recuerdo con pena el antiguo teatro y los actores que murieron durante estos años. Pero mucha otra gente que trabajó con Arna colabora hoy en este proyecto. Creo que el recuerdo de Arna ha llegado hoy a nosotros. He prometido a los niños que lo que ella nos entregó también lo disfrutarán ellos. Estoy muy contento de poder ayudarla porque, a pesar de que haya desaparecido, siempre ha estado aquí y siempre estará entre todos nosotros. Este proyecto es en su honor, y en honor de todos los niños por los que tanto luchó».