El estadio de Los Rosales y la patrulla verde figuran entre los proyectos más veces aplazados Son, o parecen, los obras de nunca jamás. Las hibernadas. Periódicamente pasan del estado sólido al gaseoso y son aireadas en las páginas de los periódicos. «¡Ah!, aquello», dicen los lectores, tras hurgar en su disco duro, al reencontrárselas en los papeles del día. Ahí va una lista de las más significativas: la cubierta de la calle Real, el estadio de atletismo de Los Rosales, el vivero de Eirís y la unión de todos los aparcamientos subterráneos de la ciudad. Anunciadas y reanunciadas, mejoras de ayer, hoy y siempre. ¿Para cuándo? es la pregunta del millón de dólares cuando se les menta. En algunos casos, para nunca. En otros, para quizá algún día. Como diría Siniestro Total, «ante todo, mucha calma».
RUBÉN VENTUREIRA