17 jul 2002
La inquilina de la casa derribada pide un piso en la misma zona
Manuela Castro pasó la primera noche muy nerviosa en el domicilio de su hijo y su nuera Manuela piensa en las cosas que se han quedado en lo que un día fue su casa de la rúa de Fontiñas, hoy un derribo: el abrigo de astracán; la escritura del nicho de Boisaca; una bata de verano sin estrenar «por se había que ir ó hospital»; toda su ropa; y un peluche que le habían regalado y que, desmiente tajantemente, no era un osito como se dijo ayer, sino «un muñeco». Manuela ya sonríe, aunque pasó una mala noche. «Pensei que me daba unha volta», dice. Ahora sólo quiere que le busquen una casa en Fontiñas.
NACHO MIRÁS FOLE